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Colaboración de: Lic. Yuri Chavarry Tello
Psicólogo Clínico
INTRODUCCIÓN
El fenómeno de la posesión demoníaca ha sido históricamente abordado desde el ámbito religioso, particularmente en el cristianismo. Sin embargo, en las últimas décadas ha despertado también el interés (y en no pocos casos la cautela) de algunos profesionales de la salud mental. Si bien la psiquiatría y la psicología contemporáneas se sostienen sobre un paradigma científico, empírico y naturalista, la práctica clínica muestra con frecuencia la existencia de casos límite, donde se observan situaciones en las que los síntomas no encajan de manera clara ni exhaustiva dentro de las categorías diagnósticas convencionales.
En este contexto, algunos psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas (incluso sin adscripción religiosa) han optado por derivar al paciente a un acompañante espiritual o a un exorcista. Esta decisión no responde necesariamente a un acto de fe personal, sino a una estrategia clínica prudente, orientada al bienestar del paciente y respetuosa de su sistema de creencias. El presente artículo ofrece una reflexión integradora sobre estos casos, a partir de testimonios clínicos, literatura especializada y el protocolo de discernimiento desarrollado por la Iglesia Católica.
LA FIGURA DEL EXORCISTA EN CONTEXTOS CLÍNICOS COMPLEJOS
Desde el punto de vista estrictamente científico, la medicina y la psicología no validan la existencia de entidades demoníacas como agentes causales del trastorno mental. No obstante, ello no ha impedido que algunos clínicos reconozcan que, en situaciones muy específicas, la intervención espiritual puede tener un impacto terapéutico significativo.
Uno de los casos más conocidos es el del psiquiatra estadounidense M. Scott Peck, autor de People of the Lie (1983). Peck, inicialmente escéptico, documenta su participación en exorcismos reales como parte de equipos interdisciplinarios. Su postura resulta especialmente interesante porque no supone una renuncia a la racionalidad científica, sino el reconocimiento honesto de fenómenos que, a su juicio, no encontraban una explicación plenamente satisfactoria desde los modelos psicopatológicos disponibles.
En una línea similar, el psiquiatra Richard Gallagher, profesor de la Universidad de Columbia y consultor de varias diócesis católicas en Estados Unidos, ha sido convocado durante décadas para discernir entre patología mental y presuntos casos de posesión. En un artículo ampliamente difundido, Gallagher afirma: “Soy psiquiatra y creo en la posesión demoníaca. He visto cosas que desafían cualquier explicación médica.”
Más allá del impacto mediático de esta afirmación, lo relevante es su enfoque ético, ya que Gallagher sostiene que solo una minoría de los casos evaluados escapa a las categorías diagnósticas conocidas y que, en esos escenarios, la derivación a un exorcista fue la opción más compasiva y respetuosa de la vivencia subjetiva del paciente.
EL PROTOCOLO DE DISCERNIMIENTO EN LA IGLESIA CATÓLICA
Lejos de una visión supersticiosa o precipitada, la Iglesia Católica ha desarrollado a lo largo de los siglos un protocolo riguroso y prudente para el discernimiento de estos casos. El Rituale Romanum, en su versión revisada (De Exorcismis et supplicationibus quibusdam, 1999), establece que ningún exorcismo puede realizarse sin la autorización del obispo y sin una evaluación previa que descarte causas médicas o psicológicas. El texto es explícito:
“Antes de proceder al exorcismo, es necesario asegurarse, con los signos oportunos, de que se trata realmente de la presencia del maligno y no de una enfermedad psíquica o corporal; en este caso se ha de acudir a personas expertas en medicina y psiquiatría.”
Esta misma orientación aparece en el Catecismo de la Iglesia Católica, que subraya la responsabilidad de médicos y psiquiatras en la evaluación previa.
En la práctica, este discernimiento suele incluir evaluaciones psiquiátricas exhaustivas, estudios neurológicos y la exclusión de trastornos como epilepsia del lóbulo temporal, psicosis, trastornos disociativos o cuadros conversivos. Paradójicamente, este protocolo ha sido valorado positivamente incluso por profesionales no creyentes, pues introduce un modelo de trabajo interdisciplinario que evita tanto el reduccionismo espiritual como el reduccionismo biomédico.
LAS CREENCIAS DEL PACIENTE COMO FACTOR TERAPÉUTICO
Desde una perspectiva clínica, el punto central no es determinar la veracidad objetiva de la interpretación espiritual del paciente, sino comprender el lugar que dicha creencia ocupa en su estructura psíquica. Diversos autores han señalado que confrontar de manera frontal las creencias religiosas en pacientes con cuadros psicóticos, disociativos o estados límite puede incrementar la angustia, la resistencia terapéutica o la desorganización psíquica.
En esta línea, el psicólogo clínico Stephen Diamond ha propuesto que, en ciertos casos, aceptar simbólicamente la narrativa espiritual del paciente puede facilitar el proceso terapéutico, generar alivio emocional y favorecer una experiencia de catarsis. Desde este enfoque, la intervención espiritual no sustituye al tratamiento clínico, sino que puede integrarse como un recurso complementario.
Así mismo otros profesionales han descrito esta dinámica en términos de placebo culturalmente mediado. La figura del exorcista, en pacientes profundamente creyentes, puede operar como un símbolo de autoridad y esperanza, capaz de movilizar recursos psíquicos que permanecían bloqueados. Como señaló la psiquiatra forense Patricia Garel en un estudio canadiense: “No se trata de hacer magia, sino de utilizar todos los recursos disponibles para que el paciente recupere su bienestar psicológico. Si eso implica que un sacerdote rece con él, no veo por qué no considerarlo dentro de una estrategia integral de atención.”
ENTRE LA CLÍNICA Y LA ESPIRITUALIDAD
El fenómeno de la posesión (interpretado desde categorías como disociación, sugestión o construcción simbólica) implica un sufrimiento real que no puede ser ignorado. La experiencia clínica muestra que, en casos cuidadosamente evaluados, la intervención espiritual puede resultar beneficiosa, no porque confirme teológicamente la existencia de una presencia demoníaca, sino porque dialoga con el mundo simbólico del paciente, sus temores más profundos y su expectativa de sanación.
Así que lejos de situarse como enemigos irreconciliables, la psicología clínica y la espiritualidad pueden coexistir cuando el criterio rector es el bienestar integral de la persona. En ese punto de encuentro, la prudencia científica y la sabiduría pastoral no se excluyen, sino que se complementan.
Por último, cabe aclarar que personalmente como católico, no descarto la existencia de entidades malignas capaces de poseer a una persona, pues esta posibilidad forma parte del contenido mismo de la Revelación Cristiana y de la enseñanza constante de la Iglesia. Sin embargo, como profesional de la salud mental y hombre de ciencia, considero un deber ético y clínico que, ante situaciones como las aquí descritas, se agoten primero todas las explicaciones causales posibles en el más acá (biológicas, psicológicas, psiquiátricas y sociales) antes de buscar respuestas en el más allá. Esta prioridad no niega la dimensión espiritual del ser humano, sino que la sitúa en un marco de discernimiento responsable, prudente y verdaderamente orientado al bien integral de la persona.
REFERENCIAS
1. Iglesia Católica. (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. librería Editrice Vaticana.
2. Cook, C. C. H., Powell, A., y Sims, A. (2009). Espiritualidad y psiquiatría. RCPsych Publications.
3. Diamond, S. (2011). Exorcismo y psicoterapia: un psicólogo clínico examina la llamada posesión demoníaca. Psychology Today.
4. Gallagher, R. (1 de julio de 2016). Como psiquiatra, diagnostico enfermedades mentales. También ayudo a detectar la posesión demoníaca. The Washington Post.
5. Peck, M. S. (1983). Gente de la mentira: la esperanza para la curación del mal humano. Simon & Schuster.
6. Ritch, M., y Pritchard, A. (2008). Salud mental y necesidades espirituales: perspectivas de los profesionales en Quebec. Journal of Pastoral Care & Counseling, 62(3), 1–12.
7. Vaticano. (1999). De los exorcismos y otras súplicas [De Exorcismis et supplicationibus quibusdam]. Libreria Editrice Vaticana.
Por Lic. Yuri Chávarry Tello
Psicólogo
clínico y católico comprometido con el diálogo fe-razón.
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