LA ETICA PROFESIONAL DEL PSICOLOGO CATOLICO: MAS ALLÁ DE LAS CONVICCIONES PERSONALES

 

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Colaboración de: Lic. Yuri Chavarry Tello

Psicólogo Clínico y Ferviente Católico

 



 

INTRODUCCIÓN

 

El ejercicio de la psicología implica una responsabilidad ética que trasciende las creencias personales del profesional. En el caso del psicólogo católico, esta responsabilidad adquiere una particular relevancia, pues exige un equilibrio constante entre la fe que ilumina su conciencia y los principios deontológicos que regulan la práctica profesional.

 

La ética no se opone a la fe; por el contrario, la ordena, la protege y la encarna en el ámbito clínico, evitando que las convicciones religiosas (legítimas en el plano personal) se conviertan en un factor de riesgo para el paciente.

 

LA ETICA PROFESIONAL COMO MARCO UNIVERSAL DE PROTECCIÓN

 

La ética profesional constituye un marco normativo que protege la dignidad, los derechos y el bienestar del consultante, independientemente de su cosmovisión, creencias religiosas u opciones vitales. Es por ello que el Código de Ética de la APA (Asociación Americana de Psicología) establece como principios fundamentales el respeto por la dignidad y los derechos de las personas, la beneficencia y no maleficencia, la integridad, la justicia y la responsabilidad profesional (APA, 2017).

 

De manera concordante, el Código de Ética y Deontología del C.Ps.P. (Colegio de Psicólogos del Perú) señala que el psicólogo debe actuar con respeto irrestricto a la persona humana, evitando toda forma de discriminación y abuso de poder, y garantizando la confidencialidad, la competencia profesional y la responsabilidad social (C.Ps.P., 2017).

 

Para el psicólogo católico, estos principios no contradicen su fe, sino que delimitan el modo correcto de practicarla en el ámbito profesional.

 

RIESGOS ETICOS EN EL EJERCICIO DEL PSICOLOGO CATOLICO

 

La fe cristiana puede enriquecer la visión antropológica del profesional; sin embargo, también puede convertirse en un riesgo ético cuando no se respetan los límites propios del rol clínico. Entre las faltas éticas más frecuentes se encuentran:

 

§  La imposición explícita o implícita de creencias religiosas.

 

§  La confusión entre psicoterapia y acompañamiento espiritual.

 

§  Los juicios morales encubiertos sobre la conducta o el estilo de vida del paciente.

 

§  La aplicación de intervenciones sin sustento científico, justificadas únicamente desde convicciones religiosas.

 

Estas prácticas vulneran el principio de no maleficencia y pueden generar daño psicológico, dependencia emocional o pérdida de la confianza terapéutica.

 

COMPETENCIA Y LIMITES DEL PROFESIONAL

 

Tanto el código de la APA como el del Colegio de Psicólogos del Perú coinciden en que el psicólogo debe ejercer únicamente dentro de los límites de su competencia, basados en su formación, experiencia y supervisión profesional (APA, 2017; C.Ps.P., 2017). La derivación no constituye un fracaso ni una falta de compromiso, sino un acto de honestidad ética y responsabilidad clínica. Es necesario derivar cuando:

 

§  El caso excede la formación o experiencia del profesional.

 

§  Existen conflictos personales, ideológicos o religiosos que interfieren con la objetividad clínica.

 

§  El paciente requiere atención especializada (psiquiatría, neurología u otro abordaje específico).

 

§  El sufrimiento presentado es predominantemente espiritual y no clínico. En este caso se puede derivar a un sacerdote, pastor o cualquier otro líder o guía espiritual según el credo del consultante.

 

Derivar protege al paciente y preserva la integridad del ejercicio profesional.

 

APORTES DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

 

El Magisterio de la Iglesia ha reflexionado ampliamente sobre la responsabilidad ética de los profesionales de la salud, subrayando la centralidad de la persona humana, el respeto a su dignidad y la necesidad de actuar siempre en conciencia rectamente formada. Estos principios no se oponen a la ética profesional, sino que la confirman. El Concilio Vaticano II (1965) afirma: “La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios”.

 

Este principio recuerda que la conciencia debe ser respetada y nunca violentada, incluso cuando está iluminada por la fe.

 

Asi mismo en el ámbito sanitario, el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios (1995) advierte: “El agente sanitario no es dueño de la vida ni del cuerpo del enfermo, sino servidor de la persona humana en su integridad” (Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, 1995). Por su parte San Juan Pablo II (1993), al reflexionar sobre la verdad moral, subraya un principio fundamental para la práctica clínica: “La verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad”.

 

Este criterio confirma que toda forma de imposición religiosa contradice tanto la ética profesional como la lógica del Evangelio.

 

En la nueva carta del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios (2016) insiste además en la necesidad de distinguir los ámbitos de intervención: “Es necesario distinguir cuidadosamente entre la atención pastoral y la intervención clínica, para evitar confusiones que perjudiquen tanto al paciente como al profesional”.

Desde esta esta posición, mezclar de manera acrítica elementos religiosos dentro de la psicoterapia puede generar daño clínico y, al mismo tiempo, distorsionar el sentido auténtico de la fe.

 

ALGUNAS APRECIACIONES DESDE MI EXPERIENCIA PROFESIONAL

 

En base a mis de quince años de experiencia en el área clínica, he llegado a la conclusión de que mezclar de manera directa elementos religiosos dentro de la terapia psicológica puede resultar contraproducente. Siendo católico, he observado que esta práctica puede generar incongruencias con nuestra propia fe, al reducir realidades profundamente espirituales como el rezo del Santo Rosario o la Confesión sacramental a simples herramientas terapéuticas, perdiéndose el sentido cristiano de las mismas.

 

Otro efecto iatrogénico observado es que, al hablar de Dios dentro del espacio terapéutico o incluso incluir la oración como hacen algunos colegas, puede en muchos casos generar un enganche patológico entre paciente y terapeuta, ya que el consultante puede identificar al psicólogo como un “enviado de Dios”, favoreciendo procesos de idealización, dependencia y ruptura del encuadre clínico.

 

Con todas estas consideraciones no apunto a que tengamos que romper la coherencia con nuestra a fe católica ni que tengamos que renunciar a nuestros valores cristianos. Por el contrario, apunto a que nos exijamos un mayor discernimiento, humildad y prudencia. En mi práctica profesional, el tema religioso no suele incorporarse en terapia salvo cuando la problemática del consultante guarda una relación directa con sus creencias personales. Cuando el sufrimiento presentado es tanto psicológico como espiritual, lo éticamente correcto es derivar al paciente católico a un sacerdote para que podamos trabajar conjuntamente en un abordaje interdisciplinario respetando así la especificidad de cada acompañamiento.

 

Como vemos, la ética profesional no limita la fe del psicólogo católico; más bien la purifica y la hace creíble. Más allá de las convicciones personales, la ética garantiza un ejercicio clínico humanitario, responsable y respetuoso de la dignidad de la persona. Solo desde esta madurez es posible integrar fe, ciencia y ética sin dañar al paciente ni empobrecer nuestra fe.

 

REFERENCIAS

 

1.     American Psychological Association. (2017). Ethical principles of psychologists and code of conduct. APA.

 

2.     Colegio de Psicólogos del Perú. (2017). Código de ética y deontología. CPP.

 

3.     Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et Spes: Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Libreria Editrice Vaticana.

 

4.     Juan Pablo II. (1993). Veritatis Splendor: Carta encíclica sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana.

 

5.     Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios. (1995). Carta de los agentes de la salud. Libreria Editrice Vaticana.

 

Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios. (2016). Nueva carta de los agentes sanitarios. Libreria Editrice Vaticana.

 

Por Lic. Yuri Chávarry Tello
Psicólogo clínico y católico comprometido con el diálogo fe-razón. 

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Diego Fernando García

Soy el administrador del Pensamiento Serio. Soy un lector de filosofía, libros que hablan de pensamiento humano, mi corriente filosófica es: neo-realismo analógico. Escritor de blog, artículos, creador del proyecto «pensamiento serio». Me gusta el tomismo y la Filosofía Colombiana.

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