LA TRIADA OSCURA Y EL MISTERIO DEL MAL EN LA PERSONA HUMANA: UNA MIRADA DESDE LA PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD Y LA ANTROPOLOGIA CRISTIANA

 

Lic. Yuri Chavarry Tello

Psicologo Clinico y Católico comprometido con el dialogo entre Fe y Razón

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INTRODUCCIÓN

¿Por qué algunas personas parecen utilizar a los demás como simples instrumentos para alcanzar sus propios fines? ¿Por qué el engaño, la manipulación o la ausencia de remordimiento aparecen con tanta frecuencia en ciertos individuos? Estas preguntas han acompañado al ser humano desde la Antigüedad y han sido abordadas desde la filosofía, la teología y, más recientemente, desde la psicología científica.

En el estudio de la personalidad, uno de los modelos que mayor interés ha despertado durante las últimas décadas es el de la Tríada Oscura, propuesta por Paulhus y Williams (2002). Este constructo reúne tres rasgos de personalidad socialmente aversivos: el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía subclínica.

Sin embargo, la pregunta por el mal humano ha sido también una preocupación central en la tradición cristiana. San Agustín de Hipona (Siglos IV – V) lo concibe no como una sustancia, sino como una privación del bien (privatio boni), lo que permite comprenderlo como un desorden del amor más que como una realidad autónoma.

La psicología ofrece explicaciones cada vez más precisas sobre el funcionamiento de estos rasgos. Sin embargo, comprender los mecanismos psicológicos no responde por sí solo a interrogantes más profundos acerca del bien, el mal, la libertad o la responsabilidad moral. Como psicólogo clínico y católico, considero que ambas perspectivas pueden dialogar fecundamente sin confundirse.

LA PSICOLOGÍA DESCRIBE; LA ANTROPOLOGIA CRISTIANA INTERPRETA

La psicología científica tiene por objeto describir, explicar y predecir el comportamiento humano. La antropología cristiana, por su parte, reflexiona sobre la naturaleza y el sentido de la persona. El Concilio Vaticano II (1965) enseña que “el hombre es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” (Gaudium et Spes, 24). Esta afirmación introduce una comprensión de la persona que no puede reducirse a sus rasgos psicológicos.

En esta misma línea, Viktor Frankl sostiene que el ser humano no está totalmente determinado por sus condiciones, sino que conserva una libertad última incluso en circunstancias límite: “El hombre es capaz de cambiar el mundo para mejor si es posible, y de cambiarse a sí mismo para mejor si es necesario” (Frankl, El hombre en busca de sentido).

Así, mientras la psicología responde al cómo del comportamiento, la antropología cristiana y la reflexión existencial intentan responder al por qué último de la persona humana.

¿QUE ES LA TRIADA OSCURA?

Paulhus y Williams (2002) introdujeron el concepto de Tríada Oscura para describir tres rasgos de personalidad que comparten un núcleo común de manipulación interpersonal, egocentrismo y escasa consideración por el bienestar ajeno.

a) Narcisismo: El narcisismo se caracteriza por una autoimagen grandiosa, necesidad constante de admiración y una marcada sensibilidad frente a la crítica. Las personas con elevados niveles de este rasgo suelen percibirse como superiores, esperan un trato especial y buscan permanentemente reconocimiento externo (Jones y Paulhus, 2014).

b) Maquiavelismo: El maquiavelismo representa una forma estratégica de relacionarse con los demás. Predominan la manipulación calculada, el pragmatismo extremo y una visión cínica de las relaciones humanas, donde las personas son consideradas instrumentos para alcanzar objetivos personales (Christie y Geis, 1970).

c) Psicopatía Subclínica: En población no clínica, la psicopatía suele manifestarse mediante impulsividad, búsqueda de emociones intensas, baja empatía afectiva, escaso remordimiento y tendencia a asumir riesgos sin valorar adecuadamente sus consecuencias (Hare, 1991). Aunque estos rasgos poseen características propias, con frecuencia aparecen asociados.

EL FACTOR D COMO NÚCLEO COMÚN

Las investigaciones más recientes sugieren que detrás de estos rasgos existe un componente compartido denominado Factor D (Dark Factor of Personality) (Moshagen et al., 2018). Este factor representa una tendencia general a maximizar el beneficio personal aun cuando ello implique perjudicar a otras personas, acompañada de creencias que justifican o minimizan las consecuencias de dicha conducta. En otras palabras, el problema no reside únicamente en la manipulación o el egoísmo, sino en la racionalización constante de esos comportamientos.

GENESIS Y DETERMINANTES: UNA PERSPECTIVA BIOPSICOSOCIAL

Actualmente existe consenso en que la Tríada Oscura no posee una causa única. Su desarrollo responde a la interacción compleja entre factores genéticos, neurobiológicos, ambientales y psicológicos.

a) Influencia genética y neurobiológica: Los estudios con gemelos muestran una heredabilidad moderada para los rasgos que conforman la Tríada Oscura (Furnham et al., 2013). Las investigaciones en neurociencias han encontrado que algunas personas con elevados niveles de psicopatía presentan menor reactividad de estructuras como la amígdala frente al sufrimiento ajeno, lo que podría dificultar determinadas respuestas emocionales relacionadas con la empatía. No obstante, estos hallazgos describen predisposiciones y no determinismos. La biología influye, pero no decide por completo la conducta humana.

b) Influencia ambiental: Las experiencias tempranas desempeñan un papel decisivo. Contextos familiares caracterizados por negligencia, abuso, violencia, inconsistencia afectiva o estilos educativos extremadamente permisivos o autoritarios pueden favorecer el desarrollo de esquemas de apego inseguros y estrategias relacionales basadas en la manipulación como mecanismo adaptativo. Desde la teoría de la historia de vida, algunos autores sostienen que estos rasgos pueden entenderse como estrategias orientadas a obtener beneficios inmediatos en contextos percibidos como impredecibles o altamente competitivos (Jonason et al., 2013).

c) Procesamiento cognitivo: Otro elemento importante consiste en la llamada disociación entre cognición y emoción. Muchas personas con altos niveles de estos rasgos poseen una adecuada capacidad para comprender las emociones e intenciones de los demás (lo que se conoce como Teoría de la Mente) pero presentan dificultades para experimentar la empatía afectiva que normalmente inhibe conductas perjudiciales. Esto explica por qué pueden identificar con precisión las vulnerabilidades ajenas y utilizarlas estratégicamente sin experimentar culpa significativa.

Desde una visión cristiana, los condicionamientos nunca anulan completamente la libertad humana, aunque puedan debilitarla. El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) reconoce que la responsabilidad moral puede verse disminuida por factores psicológicos o sociales (CIC, 1735).

¿TODOS TENEMOS UN LADO OSCURO?

Hablar de la Tríada Oscura no significa dividir a las personas entre “buenos” y “malos”. La personalidad funciona como un continuo. Todos podemos manifestar, en determinadas circunstancias, comportamientos narcisistas, manipuladores o poco empáticos. La diferencia radica en la intensidad, la frecuencia, la rigidez y las consecuencias que estos rasgos producen sobre la propia vida y la de quienes nos rodean.

C.S. Lewis (1952) advierte que el ser humano es una mezcla de disposiciones contradictorias: “Cada uno de nosotros es una mezcla de bien y mal; el problema es cuál de los dos elegimos alimentar” (Lewis, Mere Christianity) en la misma sintonía Santo Tomás de Aquino (Siglo XIII) sostiene que el mal moral aparece cuando la voluntad se aparta del orden de la razón (Summa Theologiae, I-II).

Aunque los aportes de estos autores no equivalen a la Tríada Oscura descrita por la investigación contemporánea, ambos enfoques coinciden en reconocer que el ser humano posee aspectos de sí mismo que pueden permanecer poco reconocidos o insuficientemente integrados. Aceptar la existencia de estas tendencias no implica justificarlas, sino comprenderlas para favorecer un mayor autoconocimiento y una mejor autorregulación.

UNA MIRADA ANTROPOLOGICA CRISTIANA

La antropología cristiana parte de una afirmación profundamente esperanzadora, según la cual todo ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y posee una dignidad intrínseca que no depende de sus capacidades intelectuales, de su salud mental ni de su comportamiento. Precisamente porque el hombre ha sido creado para el amor, la comunión y la entrega, toda forma de manipulación, explotación o instrumentalización del prójimo constituye una distorsión de esa vocación originaria. San Agustín de Hipona (Siglos IV – V) refuerza esta idea al concebir el mal como desorden del amor, no como entidad propia. Así mismo Viktor Frankl (2004) aporta una clave complementaria desde la logoterapia: “Cuando ya no podemos cambiar una situación, estamos desafiados a cambiarnos a nosotros mismos” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido).

La tradición cristiana enseña además que la naturaleza humana quedó herida por el pecado original. Esta afirmación pertenece al ámbito de la fe y no pretende constituir una explicación científica de la personalidad. Sin embargo, ofrece una reflexión antropológica sobre la experiencia universal de la fragilidad humana. La concupiscencia, entendida como la inclinación desordenada hacia el egoísmo y el pecado, no es equivalente a la Tríada Oscura ni puede identificarse con un constructo psicológico.

Sin embargo, ambas perspectivas coinciden en reconocer que el ser humano experimenta una tensión permanente entre tendencias que favorecen el amor al prójimo y otras que impulsan al egocentrismo y la instrumentalización de los demás. A mi juicio, este punto constituye uno de los espacios más fecundos para el diálogo entre ciencia y fe. La psicología estudia cómo se desarrollan determinados patrones de personalidad; la antropología cristiana invita a reflexionar sobre el significado profundo de esa lucha interior que toda persona experimenta, aunque se manifieste de maneras muy diferentes.

LIBERTAD, RESPONSABILIDAD Y POSIBILIDAD DE CAMBIO

Uno de los riesgos del reduccionismo contemporáneo consiste en interpretar toda conducta como una consecuencia inevitable de factores biológicos o ambientales. Sin negar la enorme influencia que ejercen dichos factores, la evidencia científica tampoco sostiene un determinismo absoluto. Las predisposiciones existen, pero interactúan constantemente con el aprendizaje, la cultura, la capacidad de autorregulación y las decisiones personales.

Para el cristianismo la libertad humana puede verse condicionada, limitada e incluso seriamente afectada, pero no desaparece por completo. Por eso el Concilio Vaticano II afirmo que la libertad es un signo eminente de la imagen divina en el hombre (Gaudium et Spes, 17). Esta libertad no es absoluta, pero tampoco completamente anulable por los condicionamientos. Esta convicción constituye el fundamento tanto de la responsabilidad moral como de la esperanza en el cambio personal. Comprender los condicionamientos psicológicos no significa eliminar la responsabilidad; significa comprender mejor a la persona para intervenir con mayor justicia, prudencia y eficacia.

Por su parte Viktor Frankl (2004) desde su experiencia clínica y existencial, sostiene que incluso en las condiciones más extremas el ser humano conserva una última libertad, la cual consiste en la actitud ante lo que vive. Esto permite evitar dos reduccionismos, por un lado, el determinismo psicológico absoluto y por otro lado el moralismo simplista. La responsabilidad puede estar disminuida, pero no desaparece totalmente.

IMPLICANCIAS PARA LA PRÁCTICA CLÍNICA

En el ámbito clínico resulta imprescindible distinguir los rasgos de la Tríada Oscura de los trastornos de personalidad descritos en los manuales diagnósticos. Las personas con elevados niveles de estos rasgos pueden utilizar la manipulación incluso dentro del proceso terapéutico. Por ello, el psicólogo debe mantener límites claros, una adecuada conciencia de los fenómenos transferenciales y contratransferenciales, y un sólido compromiso ético.

La intervención difícilmente consistirá en una "reforma moral". Resulta más realista trabajar sobre el fortalecimiento de la autorregulación, el reconocimiento de las consecuencias interpersonales de la propia conducta, el desarrollo de habilidades sociales y la construcción de formas más adaptativas de satisfacer las propias necesidades. El objetivo terapéutico no consiste en condenar al paciente, sino en ayudarlo a comprender el impacto de sus patrones relacionales y favorecer cambios que mejoren tanto su bienestar como el de quienes lo rodean.

RELEXIÓN FINAL

La Tríada Oscura nos recuerda que la personalidad humana posee zonas de enorme complejidad. La psicología permite comprender cómo ciertos factores biológicos, ambientales y cognitivos favorecen el desarrollo de patrones persistentes de manipulación, grandiosidad e insensibilidad. La antropología cristiana, por su parte, invita a contemplar a la persona desde una perspectiva más amplia, reconociendo simultáneamente su dignidad, su fragilidad y su capacidad de elegir el bien. No es casual que en sus Confesiones San Agustín de Hipona (Siglos IV – V) afirmaba que el corazón humano está inquieto hasta que descansa en Dios, lo cual expresa la tensión profunda entre el deseo de bien y la inclinación al desorden.

Como psicólogo clínico y católico, considero que ambos enfoques pueden enriquecerse mutuamente sin perder su autonomía. La ciencia aporta explicaciones rigurosas sobre el funcionamiento de la personalidad y orienta intervenciones terapéuticas basadas en la evidencia. La fe cristiana recuerda que ningún ser humano puede reducirse a un diagnóstico, a un rasgo de personalidad o a la suma de sus condicionamientos. A mi juicio, el mayor desafío consiste en evitar dos extremos igualmente empobrecedores. Por un lado, el reduccionismo científico, que termina explicando toda conducta como el resultado inevitable de procesos biológicos o ambientales, y el moralismo simplista, que interpreta cualquier alteración psicológica como un simple defecto de carácter. Solo una mirada verdaderamente integral permite comprender la riqueza y la complejidad de la persona humana, favoreciendo una práctica clínica competente, éticamente responsable y profundamente respetuosa de la dignidad de cada persona.

REFERENCIAS

1. Agustín de Hipona. (s. IV-V). Confesiones.

2. American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425596

3. Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Libreria Editrice Vaticana.

4. Christie, R., & Geis, F. L. (1970). Studies in Machiavellianism. Academic Press.

5. Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et Spes. Libreria Editrice Vaticana.

6. Frankl, V. E. (2004). El hombre en busca de sentido. Herder.

7. Furnham, A., Richards, S. C., & Paulhus, D. L. (2013). The Dark Triad of personality: A 10-year review. Social and Personality Psychology Compass, 7(3), 199–216.

8. Hare, R. D. (1991). The Hare Psychopathy Checklist–Revised. Multi-Health Systems.

9. Jones, D. N., & Paulhus, D. L. (2014). Introducing the Short Dark Triad (SD3): A brief measure of dark personality traits. Assessment, 21(1), 28–41.

10. Jonason, P. K., Koenig, B. L., & Tost, J. (2013). Living a fast life: The Dark Triad and life history theory. Human Nature, 24(4), 362–373.

11. Lewis, C. S. (1952). Mere Christianity. HarperOne.

12. Moshagen, M., Hilbig, B. E., & Zettler, I. (2018). The dark core of personality. Psychological Review, 125(5), 656–688.

13. Paulhus, D. L., & Williams, K. M. (2002). The Dark Triad of personality: Narcissism, Machiavellianism, and psychopathy. Journal of Research in Personality, 36(6), 556–563.

14. Tomás de Aquino. (s. XIII). Summa Theologiae.

Por Lic. Yuri Chávarry Tello
Psicólogo clínico y católico comprometido con el diálogo fe-razón. 

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Diego Fernando García

Soy el administrador del Pensamiento Serio. Soy un lector de filosofía, libros que hablan de pensamiento humano, mi corriente filosófica es: neo-realismo analógico. Escritor de blog, artículos, creador del proyecto «pensamiento serio». Me gusta el tomismo y la Filosofía Colombiana.

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