“La política
debería ser la ciencia que define
las condiciones
sociales más propicias a la
percepción del
valor y su realización”.
(Nicolás Gómez
Dávila).
Tabla de Contenido Automática
INTRODUCCIÓN
La
hermenéutica exige una metodología analítica capaz de examinar críticamente las
categorías con las que se interpreta la realidad política. En el caso
colombiano, se percibe un alejamiento de la búsqueda de la verdad, mientras la
crisis institucional y política se hace cada vez más evidente. Las campañas
electorales suelen idealizar determinados proyectos y convierten la disputa
democrática en un escenario de confrontación, donde con frecuencia se
privilegia la descalificación del adversario sobre la discusión de ideas. En
este contexto, resulta necesario considerar el papel del mercado electoral
dentro de un capitalismo transnacional que condiciona buena parte de las
dinámicas políticas contemporáneas.
Desde
esta perspectiva, puede sostenerse que los proyectos políticos en disputa,
aunque se presentan como alternativas opuestas, comparten elementos propios de
la modernidad política. Durante la campaña, ambos candidatos han moderado
algunos de sus planteamientos con el propósito de ampliar su respaldo
electoral. Iván Cepeda ha buscado acercarse a sectores empresariales mediante
discursos orientados a generar confianza económica, mientras que Abelardo de la
Espriella ha enfatizado propuestas dirigidas a los sectores más vulnerables y a
la población de mayor edad. Esta dinámica pone de manifiesto el carácter
pragmático de la competencia electoral y la constante adaptación de los
discursos políticos en función de la obtención de votos.
Sin
embargo, esta praxis política suele dejar en un segundo plano la reflexión
sobre los límites éticos de la acción pública. Más allá de sus diferencias,
ambos proyectos participan de una matriz liberal y moderna que privilegia
mecanismos burocráticos e instrumentales para la gestión del poder. Como
consecuencia, numerosos ciudadanos terminan ejerciendo el voto por descarte, al
no encontrar una propuesta que represente plenamente sus convicciones. Esta
situación constituye el punto de partida de la presente investigación y conduce
a la siguiente pregunta: ¿Cómo evidencian la polarización política,
el neoliberalismo, el progresismo y la tecnocracia, presentes en la contienda
presidencial entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, la crisis política
contemporánea en Colombia?
Para
responder este interrogante, el estudio se divide en cinco secciones: 1) marco
conceptual, 2) marco teórico, 3) metodología, 4) resultados de la investigación
y análisis de la contienda presidencial y 5) discusión interpretativa
filosófica.
1.
MARCO CONCEPTUAL
1.1 Progresismo
El
progresismo es una visión política que concibe al Estado como garante de los
derechos civiles, la participación ciudadana y una distribución más equitativa
de la riqueza, con el propósito de impulsar el desarrollo social. Sin embargo,
desde una perspectiva crítica, se sostiene que el ser humano continúa enfrentando
las mismas limitaciones de siempre, por lo que los cambios promovidos por esta
corriente se orientan principalmente al ámbito material y no a una
transformación integral de la persona.
En el plano cultural “se
entiende el término de apropiación cultural como una especie de patrullaje
moral sobre el uso de elementos culturales «ajenos»”.
De esta manera, el progresismo se manifiesta también como una tendencia que
busca impulsar cambios constantes en nombre del progreso social y cultural.
Aunque
suele asociarse principalmente con sectores de izquierda, algunos de sus
planteamientos también pueden encontrarse en movimientos de centro e incluso de
derecha. Entre los temas que con frecuencia se vinculan a esta corriente se
encuentran la protección del medio ambiente, la teoría de género, la ampliación
de derechos para las minorías sexuales y diversas reivindicaciones feministas.
Sus partidarios consideran que estas iniciativas favorecen una sociedad más
inclusiva y diversa.
Asimismo,
el progresismo otorga gran relevancia a la inclusión social, a la ampliación de
derechos y a las reformas institucionales orientadas hacia una mayor igualdad.
Desde sus críticos, esta orientación puede derivar en una concepción moral
relativista que facilita la adaptación de principios y normas a intereses
particulares o coyunturas políticas específicas. Bajo esta interpretación,
determinadas propuestas progresistas tenderían a cuestionar tradiciones y
estructuras preexistentes con el propósito de reconstruir la sociedad a partir
de una mayor intervención estatal.
1.2 Neoliberalismo
Desde los ámbito filosófico,
económico y político, el neoliberalismo se caracteriza por promover la
reducción de la intervención estatal, la defensa de la empresa privada y el
fortalecimiento del libre mercado y del libre comercio. Dentro de esta
perspectiva, las políticas de justicia social suelen ser objeto de
cuestionamiento, pues se considera que una excesiva participación del Estado en
la asistencia a los sectores más vulnerables puede generar dependencia y
limitar la iniciativa individual. En efecto, “si en plano económico el
neoliberalismo suele ser un fracaso completo, en el plano ideológico tiende a
ser bastante exitoso”.
En este sentido, puede afirmarse que esta corriente trasciende el ámbito
económico y se expresa mediante distintos mecanismos de difusión que
contribuyen a la consolidación de sus principios en la sociedad.
1.3 Soberanía
Un Estado puede gobernarse de
manera autónoma e independiente, estableciendo sus propias leyes y normas sin
que otras naciones interfieran en sus decisiones internas. Al menos en el plano
teórico, esta facultad constituye uno de los principios fundamentales de la
organización política moderna, aunque en la práctica las relaciones
internacionales suelen generar dinámicas más complejas. Por consiguiente, la
“soberanía es una voluntad siempre mandante. Es una voluntad superior a todas
las demás que existen en un territorio dado. Por consiguiente, no entra en
relación con ellas por vía de contrato, sino únicamente por vía de mandato”.
Esta concepción de la soberanía se encuentra estrechamente vinculada al
pensamiento liberal y a la configuración de los Estados modernos, en los cuales
la autoridad política ejerce el poder legítimo dentro de un territorio determinado.
Por
otra parte, también se destaca la importancia de los derechos humanos como
instrumento para la protección de la dignidad de las personas. En este
contexto, el derecho internacional adquiere un papel relevante al establecer
mecanismos orientados a garantizar dichas prerrogativas con independencia de la
condición económica, social o cultural de cada individuo.
1.4 Batalla cultural
La conservación del poder ha
sido una preocupación constante dentro de la teoría política. En este contexto,
Antonio Gramsci es uno de los autores que más atención prestó a la manera en
que determinados grupos logran mantener su influencia sobre la sociedad. Para
este pensador, la hegemonía cultural ocupa un lugar central, pues permite que
ciertas ideas, valores y formas de comprender la realidad sean asumidas como
naturales por gran parte de la población. De esta manera, el ejercicio del
poder no depende exclusivamente de la fuerza, sino también de la capacidad de
obtener consenso.
La disputa por la hegemonía
se desarrolla en distintos espacios de la vida social, como la religión, la
familia, el cine, la literatura, la pintura, la academia y los medios de
comunicación. En este sentido, Antonio Gramsci se acerca al concepto de batalla
cultural cuando expresa que existe “la guerra de posiciones que se libra en la
cultura”.
Con ello pone de relieve que las transformaciones políticas requieren,
previamente, una confrontación en el terreno de las ideas y de los valores que
orientan la vida colectiva.
Desde
una interpretación crítica, puede afirmarse que Gramsci realizó una revisión de
algunos planteamientos de Marx, trasladando parte de la lucha política al
ámbito cultural. Así, la crítica al capitalismo no se limita a las relaciones
económicas, sino que también alcanza las instituciones encargadas de formar la
conciencia social. Por esta razón, numerosos intelectuales de izquierda
encontraron en sus planteamientos una herramienta para promover cambios
profundos en la sociedad. En definitiva, la batalla cultural busca consolidar una
determinada visión del mundo hasta convertirla en un referente ampliamente
aceptado dentro del cuerpo social.
1.5 Ingeniería social
Precisamente, cuando se intenta construir una
sociedad ideal a partir de un modelo previamente diseñado, pueden aparecer
errores que terminan concentrando el poder en determinados grupos. En este
sentido, Karl Popper afirma que “las dos actitudes antagónicas, la del
historicismo y la de la ingeniería, se dan juntas, a veces, en ciertas
combinaciones típicas. El ejemplo más antiguo y probablemente el de mayor
influencia, la constituye la filosofía social y política de Platón”.
Con ello, el filósofo distingue dos perspectivas diferentes. Por una parte, la
ingeniería social supone que la sociedad puede ser orientada según proyectos
elaborados por los seres humanos. Por otra, el historicismo considera que el
desarrollo histórico sigue determinadas tendencias que no dependen
exclusivamente de la voluntad individual. Aun así, Popper reconoce que ambas
posturas pueden encontrarse unidas en algunas construcciones teóricas.
En definitiva, cuando se habla de
ingeniería social se hace referencia a distintas formas de influencia sobre las
conductas, las creencias o las decisiones de las personas. Este fenómeno puede
manifestarse en la política, la cultura, la educación o los medios de
comunicación. Actualmente, la expresión también se emplea en el campo de la
ciberseguridad para describir técnicas de engaño destinadas a obtener
información. Desde una mirada crítica, estas prácticas pueden convertirse en
mecanismos de manipulación que afectan la libertad de los individuos.
1.6 Principios no negociables
Los principios no negociables en la
política constituyen un criterio orientador para el ejercicio responsable del
voto. Desde esta perspectiva, se considera importante respaldar a candidatos
que promuevan la defensa de la vida, la familia tradicional y el derecho de los
padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones. En este sentido,
“Benedicto XVI —se centra en la protección y la promoción de la dignidad de la
persona y por ello presta particular atención a los principios que no son
negociables”.
En consecuencia, cuando un candidato no respalda estos principios, resulta
razonable que el elector considere otras opciones políticas que se ajusten
mejor a dichos valores.
1.7 Criterio del mal menor
El mal menor es una forma de
escoger un candidato que no necesariamente se considera el mejor, sino aquel
que se percibe como menos perjudicial para la sociedad. En el fondo, el elector
termina resignándose a una determinada realidad política, ya que no busca un
bien mayor, sino evitar un mal que considera más grave. Esta situación suele
presentarse especialmente en las segundas vueltas electorales, cuando los
candidatos se atacan mutuamente o cuando existe una fuerte polarización entre
los votantes.
Por este motivo, se afirma
que el “mal menor es aquel criterio de descarte de candidatos que sucede cuando
las identidades políticas son mayores y más fuerte que las positivas”.
Es decir, al igual que ha ocurrido en Perú, en Colombia la decisión del voto
puede estar motivada más por el rechazo hacia un candidato que por el apoyo a
otro. De esta manera, el miedo frente a una determinada opción política termina
influyendo en la decisión electoral. Aunque esta actitud puede entenderse como
una forma de defensa por parte de quien vota, sigue implicando la elección de
un mal, pues el mal menor continúa siendo, objetivamente, un mal.
1.8 Polarización
La polarización surge cuando
la sociedad se divide en dos bandos enfrentados que consideran sus posiciones
como incompatibles. En estas circunstancias, el diálogo político se vuelve cada
vez más difícil, ya que cada grupo tiende a pensar que sus ideas son las
correctas y que no pueden ser cuestionadas. Como consecuencia, las posiciones
intermedias pierden relevancia y los extremos aparecen como las únicas opciones
posibles.
En efecto, Chantal Mouffe afirma
que “la política de tal manera crea una polarización peligrosa entre el «mundo
civilizado» y los «enemigos de la libertad». La cruzada de Bush es presentada
entonces como consecuencia directa de la implementación de la interpretación
schmitteana de la política”.
Este planteamiento tiene un carácter moral, pues divide la realidad entre lo
que se considera bueno y lo que se considera malo. En gran medida, esta fue una
estrategia utilizada por Bush y cuyos efectos todavía pueden observarse en la
política contemporánea. Para muchos actores políticos, la existencia de estos
bandos resulta conveniente porque fortalece sus discursos y permite presentar a
sus seguidores como representantes del bien, mientras que sus adversarios son
descritos como una amenaza. De esta manera, las diferencias políticas pueden
transformarse en una retórica de confrontación permanente, en la que cada
sector busca desacreditar al otro e incluso cuestionar aspectos de su vida
privada. Así, la política termina reduciéndose a una disputa entre quienes son
considerados «civilizados» y quienes son presentados como los responsables de
los problemas sociales.
2
MARCO TEÓRICO
2.1 Referentes
filosóficos sobre el Estado
2.1.1 José Ortega y Gasset
En el pensamiento de José Ortega y
Gasset, si la técnica se deja como está, puede llegar a destruir la sociedad,
porque el Estado es para todos. El Estado se vuelve «invertebrado» cuando
existe cierta fragmentación propia de la época moderna, donde el futuro se
percibe incierto y con un panorama oscuro. En este sentido, la máquina termina
absorbiendo al individuo, lo va debilitando dentro de la sociedad.
Cuando se interviene demasiado el
Estado, también ocurre algo problemático, porque el Estado necesita impuestos
para poder sostenerse. Por eso, algunas ideas económicas y políticas terminan
generando crisis o formas de dominación que afectan a los pueblos, como si se
crearan nuevos tipos de control o de «amos» en el mundo.
Por otra parte, José Ortega y
Gasset afirma: “la idea de que la familia es la célula social y el Estado algo
así como una familia que ha engordado, es una reforma para el progreso de la
ciencia histórica, de la sociología, de la política y de otras muchas cosas”.
En otras palabras, la idea de progreso, cuando se entiende de forma muy rígida,
puede frenar la comprensión del ser humano. Bajo esta idea, el Estado se puede
ver como una familia grande, donde el gobierno es como el padre y los
ciudadanos como los hijos. Sin embargo, esto no se debe tomar de forma literal,
porque el Estado no educa como en una familia normal.
Cuando se lleva esta idea al
extremo, puede pasar que el poder favorezca a unos pocos, creando desigualdad o
corrupción. Por eso, los pensadores políticos deben tener cuidado con las
teorías demasiado cerradas o técnicas, porque la sociedad no es solo una
fórmula. Más bien, se puede entender como una gran familia, pero sin olvidar
que es compleja y diferente en muchos aspectos.
2.1.2 Thomas Hobbes
En la percepción de Thomas
Hobbes, el estado natural del ser humano se caracteriza por una guerra de todos
contra todos. El hombre es movido por el miedo y por sus deseos, circunstancias
que lo llevan a establecer un pacto social mediante el cual entrega
voluntariamente parte de su libertad a un soberano, representado por el Leviatán. En este sentido, la autoridad
del Estado se sitúa por encima de la religión, pues para Hobbes el
debilitamiento del poder político puede conducir a conflictos internos e incluso
a una guerra civil. De ahí la importancia de la cohesión de las leyes como
garantía del orden social.
Es preciso recordar la afirmación
de Thomas Hobbes: “tanto más por debajo del estado de los hombres ignorantes
como por encima de él se encuentran los hombres dotados de verdadera ciencia”.
Es decir, la ignorancia constituye una limitación, pero aún más perjudicial
resulta la falsa pretensión de conocimiento. Los ignorantes pueden equivocarse
porque desconocen ciertas cuestiones, pero no necesariamente difunden doctrinas
erróneas. En cambio, los falsos sabios presentan un mayor peligro, ya que
suelen transmitir ideas sin un examen crítico suficiente. Hobbes dirige parte
de esta crítica a determinados eclesiásticos, a quienes considera repetidores de
doctrinas ajenas más que creadores de conocimiento. Sus discursos pueden
parecer elevados, aunque muchas veces resultan difíciles de comprender para la
mayoría de las personas. Por encima de la ignorancia se encuentran aquellos que
poseen un conocimiento auténtico y fundamentado. En consecuencia, lo verdadero
es aquello que contribuye a elevar al ser humano mediante la búsqueda de la
veracidad epistemológica.
2.1.3 Antonio Gramsci
La hegemonía cultural
consiste en lograr que determinadas concepciones del mundo sean aceptadas como
algo natural y común dentro de una sociedad. Desde esta perspectiva, las clases
dirigentes buscan influir en la cultura, la política y la moral mediante la
construcción de consensos que les permitan mantener su posición. En este proceso
intervienen tanto la sociedad política como la sociedad civil, espacios en los
que las ideas y las doctrinas pueden difundirse de manera gradual y
estratégica. De este modo, se promueve un cambio de paradigma en el que ciertas
formas de pensar llegan a ser compartidas por amplios sectores de la población.
En consecuencia, los intelectuales desempeñan un papel fundamental, pues deben
actuar de manera orgánica para consolidar y difundir aquellas concepciones que
aspiran a convertirse en dominantes.
Antonio Gramsci afirma, “la
hegemonía cultural de Francia es amenazada por los anglosajones: existe un
instituto argentino de cultura ingresa y un instituto argentino de Cultura
Norteamericana […] Enseñan la lengua inglesa con grandes facilidades a los
alumnos”.
En otras palabras, el lenguaje también puede comprenderse desde una dimensión
geopolítica, ya que la comunicación se adapta a las dinámicas de la sociedad
civil y a los intereses culturales presentes en cada época. Asimismo, el
consenso suele generar beneficios para determinados sectores sociales, razón
por la cual la difusión de una lengua o de una cultura nunca resulta
completamente neutral. No obstante, el aprendizaje de un idioma debe responder
a una decisión voluntaria de las personas. En la actualidad, el notable interés
por la lengua inglesa evidencia cómo determinadas corrientes culturales e
ideológicas influyen en la población, hasta el punto de moldear preferencias,
costumbres y formas de comprender la realidad.
2.1.4 Laura Quintana
La obra La política de
los cuerpos, de Laura Quintana, propone una forma de comprender la
política a partir de la experiencia corporal. Este enfoque permite analizar
cómo la realidad política no puede reducirse únicamente a aquello que muestran
los sentidos, pues en ella intervienen elementos subjetivos que condicionan la
percepción de los acontecimientos. En este contexto, el miedo aparece como un
recurso frecuentemente utilizado para influir en los ciudadanos y orientar sus
decisiones.
Por otra parte, la autora examina
el papel del odio como instrumento político y la lógica de la inmunización
social, mediante la cual se genera rechazo hacia los sectores más vulnerables
de la población. Asimismo, resulta pertinente analizar cómo la emancipación
constituye una dimensión propia del cuerpo político, especialmente cuando las
comunidades fortalecen sus vínculos frente a situaciones de opresión y
exclusión.
En consecuencia, puede afirmarse
que “estos siempre han estado ahí, el problema siempre ha sido la disposición
de nuestras palabras y de nuestra mirada para percibirlos”.
Esta reflexión evidencia la existencia de un condicionamiento de la mirada que
impide reconocer determinadas realidades sociales. Los acontecimientos se
encuentran ante nuestros ojos y, sin embargo, suelen pasar inadvertidos debido
a la normalización de la vulnerabilidad del otro. Al mismo tiempo, pone de
manifiesto el poder de las palabras en la configuración de la vida política,
pues los discursos constituyen un elemento fundamental en la construcción de
proyectos ideológicos y campañas con orientaciones doctrinales específicas. En
este sentido, se hace necesaria una reconfiguración de los sentidos que
favorezca el diálogo, el reconocimiento mutuo y una conversación basada en la
empatía.
2.1.5 Michel Foucault
El pensador Michel Foucault
analiza el poder desde una perspectiva microfísica, entendiéndolo como una red
de relaciones que atraviesa la vida cotidiana. El poder se encuentra
permanentemente en juego en distintos ámbitos de la existencia humana, ya sea
en la relación entre esposos, entre jefes y empleados o en múltiples
interacciones sociales. No se trata únicamente de una fuerza represiva, sino
también de una capacidad productiva que contribuye a moldear comportamientos,
discursos y formas de vida. Precisamente por ello, conocer sus mecanismos
permite comprender mejor sus efectos y las posibilidades de resistencia frente
a ellos.
Asimismo, Foucault estudia la
manera en que el poder administra y regula la vida, fenómeno que denomina
biopolítica. A través de diversas instituciones y mecanismos de control, las
sociedades modernas buscan gestionar a la población en aspectos relacionados
con la salud, la seguridad y el bienestar colectivo. En este contexto pueden
analizarse organismos, políticas públicas y prácticas orientadas a la
regulación de la vida social.
Sin embargo, allí donde
existe poder también surgen formas de resistencia. En consecuencia, “el poder de subvertir la relación de lo
próximo y lo lejano tal como son entendidos por la historia tradicional, en su
fidelidad a la obediencia metafísica”.
El pensador francés plantea que las formas de comprender la realidad y
el ejercicio del poder se transforman históricamente. Por ello, las prácticas
sociales no deben entenderse de la misma manera en todas las épocas, ya que se
encuentran inmersas en continuas disputas y relaciones de fuerza. Subvertir las
categorías establecidas implica cuestionar aquello que se considera evidente o
cercano, para descubrir los mecanismos mediante los cuales operan instituciones
como los hospitales, las cárceles y otros espacios de regulación social.
En
este mismo sentido, resulta necesario revisar críticamente las concepciones
sobre la salud, la sexualidad y la moral. Aquello que suele presentarse como
natural o incuestionable puede ser objeto de análisis y problematización. Para
ello, Foucault retoma la influencia de Nietzsche y desarrolla una actitud de
sospecha frente a las verdades establecidas, con el propósito de revelar las
relaciones de poder que se ocultan detrás de determinados discursos y prácticas
sociales.
3.
METODOLOGÍA
La metodología adoptada consiste en
un análisis detallado de lo expresado por los candidatos Iván Cepeda y Abelardo
de la Espriella, tanto en sus propuestas como en sus discursos dentro del contexto
de sus aspiraciones a la presidencia. Para ello, se revisaron sus canales de
YouTube, entrevistas realizadas por medios tradicionales y también contenidos
difundidos en redes sociales, teniendo en cuenta además diferentes puntos de
vista de analistas del campo de las ciencias políticas y filosóficas.
En este mismo sentido, se realiza
una aproximación hermenéutica sobre lo ocurrido en ambas campañas, tanto en la
primera como en la segunda vuelta, con el fin de comprender de manera más
objetiva a los dos candidatos. A partir de esto, se plantea una metodología que
busca aclarar conceptos y exponer el marco teórico desde el cual se interpreta
la información, para luego llegar a resultados que sean coherentes con la
investigación. También se propone un diálogo académico que evite extremos, para
no generar polarización en el texto.
En definitiva, se trabajan fuentes
primarias y secundarias para este estudio académico, con el propósito de
construir un análisis textual apoyado en una hermenéutica que sigue a autores
como Friedrich Schleiermacher, Wilhelm Dilthey, Martin Heidegger y Hans-Georg
Gadamer.
4.
RESULTADOS
DE LA INVESTIGACIÓN Y ANÁLISIS DE LA CONTIENDA PRESIDENCIAL
4.1
Los
dos candidatos muestran una marcada dependencia de referentes políticos e
ideológicos externos
Es impresionante el problema de
identidad que arrastran ambos candidatos. En el caso de Cepeda, la campaña
parece haberla asumido directamente el presidente Petro —a pesar de la
prohibición de participar en política—; Cepeda se ha quedado estático mientras
el mandatario asume el protagonismo, valiéndose de su mayor carisma para
conectar con la gente. Por su parte, De la Espriella se perfila como una copia
de figuras como Milei, Bukele y Trump. No hay un ápice de originalidad en estos
personajes, lo que manifiesta claramente “la pérdida de identidad nacional y la
cultura política”.
Es decir, se repiten fórmulas ajenas en lugar de pensar una política
propiamente colombiana, diseñada desde las problemáticas locales y con
soluciones, por llamarlas de algún modo, criollas.
Por otro lado, cuando los
candidatos carecen de autonomía, terminan convertidos en marionetas. Al momento
de gobernar, difícilmente serán capaces de tomar decisiones independientes,
pues para alcanzar el poder les tocó actuar bajo la sombra de otros. Mientras
De la Espriella se alinea con la neoderecha internacional, Cepeda responde a
las directrices del Foro de São Paulo. Esta subordinación ideológica podría
llevar a que determinadas decisiones se orienten más por intereses externos que
por las necesidades nacionales, sino de los intereses globales y de las
multinacionales que financian ambas campañas. En definitiva, nos encontramos
ante un ejercicio de pura ingeniería social.
4.2
Ataque a la prensa
En el caso de Cepeda, es inevitable
señalar cómo la sombra de Petro afecta su relación con los medios. El
mandatario sostiene una campaña permanente de ataques discursivos y críticas
mordaces contra la prensa, limitando al mínimo sus entrevistas; en contraste,
Cepeda adopta una postura más abierta y sí concede espacios a los periodistas.
Por el otro lado, De la Espriella recurre al insulto directo contra los
reporteros y monta espectáculos mediáticos, una estrategia de monopolización de
la atención que no es nueva —ya se vio con Milei— y que busca que la opinión
pública celebre sus desplantes. Estas actitudes anticipan que, de llegar a la
presidencia, su comportamiento con la prensa será el de un tirano.
Al final, gane quien gane, la
prensa tradicional colombiana seguirá atada al poder político y económico. En
paralelo, las redes sociales se han convertido en la nueva alternativa, pero no
para democratizar la información, sino para propagar mentiras y noticias falsas
por parte de ambas campañas. En definitiva, bajo cualquiera de estos dos personajes,
Colombia no conocerá una verdadera libertad de prensa; los ciudadanos
seguiremos condenados a consumir medios polarizados que solo muestran medias
verdades, ocultando la realidad completa del país.
4.3
La batalla cultural
El filósofo Antonio Gramsci acuñó
el concepto de «batalla cultural», una estrategia que históricamente ha sido
bandera de la izquierda para capturar la hegemonía a través de las
instituciones. Bajo esta lógica, la literatura, el arte y los medios de
comunicación deben proyectar e instalar esas ideas ideológicas para sostenerlas
en el tiempo, especialmente dentro del ámbito educativo y estudiantil. Está
arraigada influencia explica por qué las universidades están fuertemente
permeadas por dicha corriente y por qué tantos profesores universitarios
muestran una clara preferencia por Cepeda. En sintonía con este enfoque, la
facción de izquierda que respalda a Cepeda abandera discursos centrados en las
disidencias, la teoría de género, las reivindicaciones indigenistas, la equidad
de género y la construcción de una sociedad libre de discriminación.
En las antípodas se ubica De la
Espriella, quien se apoya en la doctrina expuesta por Agustín Laje en su obra La
batalla cultural. El propio politólogo argentino reconoce que toma las
herramientas analíticas de Gramsci, pero de forma invertida: para defender la
familia nuclear y los valores tradicionales. Sin embargo, en la praxis política
real este discurso se desmorona; un claro ejemplo fue lo ocurrido en Argentina
con Milei, quien utilizó las mismas banderas en campaña, pero, una vez en el
poder, no ejecutó una promoción real de la agenda tradicionalista. Esto
demuestra que la derecha radical (o lo que llamo izquierda centro)
instrumentaliza el método de Gramsci con un fin puramente pragmático: generar
una polarización extrema que sirva exclusivamente para arrastrar votos en las
urnas.
4.4
El voto católico y protestante
Es evidente que ambas campañas
buscan cautivar el voto de los ciudadanos con profundas convicciones
religiosas, considerando que la gran mayoría de los colombianos profesa la fe
en Dios. Por su parte, Cepeda apela al concepto de justicia social e
instrumentaliza la reciente encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas.
Si bien es cierto que las propuestas de este candidato coinciden en varios
puntos de la agenda social con el documento pontificio, la doctrina de la
Iglesia mantiene una firme defensa de la familia tradicional y se opone a
cualquier ideología que contradiga el orden natural, un aspecto que la
izquierda suele omitir.
Asimismo, la advertencia que hace
el texto papal sobre los peligros de la inteligencia artificial cuando se
utiliza para infligir daño político cobra total vigencia en nuestro contexto:
lejos de la ética que pide la encíclica, en la praxis actual ambos candidatos
recurren activamente a la IA para desprestigiarse mutuamente y manipular al
electorado.
Por su parte, De la Espriella
recurre a una burda instrumentalización de la religión para proyectar una
imagen de piedad y validar una supuesta conversión genuina. Se le ha visto
posando con la Biblia en la mano, aunque resulta evidente su torpeza al
hojearla, perdiéndose entre las páginas al intentar localizar un pasaje. Este
histrionismo lo lleva a saltar de iglesias católicas a cultos protestantes
montando verdaderos espectáculos teatrales, una puesta en escena completamente
alejada de la sencillez con la que el colombiano del común vive su
espiritualidad. El culmen de este fingimiento ocurrió un día antes de la
primera vuelta, cuando apareció rezando el rosario de una manera tan exagerada
e impostada que sepultó la espontaneidad y la recatada devoción propias de un
católico genuino.
Toda esta pantomima responde a la
conocida estrategia mesiánica del «enviado de Dios». Al carecer de una
formación teológica, ya sea formal o autodidacta, la argumentación de De la
Espriella en el terreno de lo sagrado es puramente visceral y efectista, nunca
racional. Sus salidas en falso en este campo no hacen más que dejar al
descubierto su absoluta indigencia en la ciencia teológica.
4.5
Lenguaje de odio y polarización
Al cierre de la jornada electoral
en la primera vuelta, ambos candidatos se lanzaron ataques mutuos con un tono
violento que terminó por profundizar la polarización del país. Los dos bandos
instrumentalizaron políticamente el odio y el resentimiento; un escenario que
inevitablemente evoca los planteamientos de la filósofa colombiana Laura
Quintana en su obra Rabia. Como bien señala en su sinopsis “hay formas
de rabia que intensifican la desigualdad y otras que la combaten. Y en esta
duplicidad están de juego diferentes compresiones de la vida, y la identidad
[…] condiciones en apuestas políticas disidentes: afectos, violencia […]”.
Por desgracia, esta manipulación de las pasiones está fracturando el tejido
social al punto de llevar a los ciudadanos a confrontaciones personales por
defender a tales aspirantes. Esta división, lejos de ser un simple debate
ideológico, se traduce en el riesgo latente de generar violencia a distintas
escalas, lo que enturbia y complejiza aún más la de por sí difícil realidad del
país.
Como se evidencia a lo largo de
este análisis, en ambos candidatos coexisten luces y sombras. Resulta un
despropósito que los ciudadanos, enceguecidos por el fanatismo hacia uno u otro
bando, se tilden mutuamente de ignorantes. Lo primero que debe quedar claro es
que aquí no hay una opción de derecha; ambos proyectos políticos pertenecen a
la izquierda. No obstante, si existiera esa contraposición, valdría la pena
rescatar aquellas palabras de José Ortega y Gasset: “Ser de la izquierda es,
como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir
para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”.
Esto no significa que tome partido por alguno; al contrario, considero que
ambos caen en esa categoría al traicionar sus principios y dejarse manipular.
El primer objetivo de quienes manejan los hilos del poder global es
precisamente dividir a la sociedad para, posteriormente, imponer con total
facilidad sus agendas e ideologías.
4.6
Política exterior y soberanía
En el caso de Cepeda, ocurre ese
fenómeno tan particular en el que se utiliza la escalera de la democracia para
ascender al poder y, una vez arriba, se patea para que nadie más pueda subir.
Por su parte, De la Espriella también pretende instrumentalizar el sistema
democrático para instaurar su propio régimen autoritario. En consecuencia,
cualquiera de los dos candidatos terminará entregando la soberanía a agendas
globales; un escenario donde el pueblo colombiano perderá la capacidad de auto
determinarse y verá mermadas sus libertades. Quienes hoy pregonan la libertad o
la igualdad evocan de manera romántica los ideales de la Revolución Francesa,
pero en la práctica, el ciudadano de a pie no tendrá libertades reales y la igualdad
se quedará en un simple ideal, mientras ambos proyectos se aprovechan de las
necesidades del pueblo. Los dos perfiles actúan como entreguistas: uno
subordinado al sionismo internacional y el otro a poderes transnacionales. Por
este motivo, Colombia permanece bajo la mirada del tablero geopolítico global,
a la expectativa de ver hacia cuál de estos intereses se terminará de inclinar
el país.
4.7
La economía
De la Espriella va a seguir los
pasos de Milei, promoviendo un liberalismo que terminará por endeudar
profundamente al país. En este punto, resulta notable que “la ciencia económica
la destinataria fundamental de los aportes liberales. Sería totalmente erróneo
considerar que el liberalismo afecta apenas la moral privada, no, también
afecta la moral pública política y económica”.
Esta premisa evidencia que, en el fondo, la estrategia económica de su campaña
conducirá a Colombia a un endeudamiento severo, entregando la soberanía
financiera a la banca transnacional y al sionismo internacional.
Cepeda, por su parte, insiste en
sostener que la gestión económica de Petro marcha por buen camino. Sin embargo,
la realidad contradice ese optimismo: la deuda externa se ha disparado y la
financiación de los programas sociales no se ha gestionado mediante nuevas fuentes
de riqueza real, sino profundizando el empobrecimiento estructural del país.
Aunque ante los ojos del mercado internacional las cifras parezcan estables, el
ciudadano de a pie experimenta un encarecimiento general del costo de vida que
es innegable. En este mismo sentido, el reciente incremento salarial decretado
por el gobierno responde a un cálculo puramente político y oportunista, para
ganar votantes.
Detrás de los anuncios, de bajar la
deuda externa, lo que ocurrió verdaderamente fue “que a los $17 billones por no
endeudarnos en pesos se suman a los $83 billones de más intereses por canjear
masivamente deuda vieja por nueva”.
En definitiva, nos encontramos ante un evidente maquillaje contable: un canje
diseñado para falsear los indicadores financieros en el corto plazo, propio de
estrategas hábiles en el engaño, pero cuyo impacto real resentirá la economía
nacional en los años venideros debido al crecimiento real de la deuda.
4.8
Paz total y diálogo
El gobierno de Petro fracasó en la
consolidación de su denominada «paz total». Por el contrario, lo que se observa
en los territorios es una guerra frontal entre las mismas guerrillas, las
cuales hoy ostentan tecnología de punta, equipos de comunicación avanzados e
incluso redes de inteligencia interna que superan en eficacia operativa a las
propias fuerzas militares. Este panorama desolador anula cualquier discurso de
pacificación y, tristemente, está terminando de sepultar los remanentes del
proceso de paz que articuló el expresidente Santos. En el fondo, esta realidad
demuestra que la guerra sigue siendo un negocio redondo, un comodín retórico
que durante años ha servido a los candidatos para catapultar sus campañas
prometiendo salidas negociadas.
Ante este vacío de autoridad, De la
Espriella resucita la bandera de la «seguridad democrática», una propuesta que
cala profundamente en amplios sectores de la población que anhelan orden y ven
en la mano dura una última esperanza. Muchos ciudadanos exigen un combate
frontal contra la insurgencia y sueñan con la irrupción de un «Bukele
colombiano», ignorando o minimizando los devastadores costos sociales que este
modelo punitivo conlleva, tales como el riesgo inminente de revivir ejecuciones
extrajudiciales (los llamados «falsos positivos») y violaciones sistemáticas a
los derechos humanos. En consecuencia, ambos aspirantes a la presidencia
instrumentalizan la paz —ya sea desde el fetiche del diálogo estéril o desde la
promesa de la pacificación armada— como un mero cálculo electoral. Lo
verdaderamente trágico es que son vidas humanas las que están en juego en el
frente de batalla, mientras la clase política se lucra de la tragedia nacional.
4.9
Fascismo
Históricamente, el fascismo se ha
identificado con la extrema derecha. Tradicionalmente, este fenómeno se ha
asociado con el nacionalismo extremo, el culto al líder, la subordinación del
individuo al Estado y el rechazo absoluto del pluralismo político. Sin embargo,
algunas de sus dinámicas autoritarias, como la persecución del disenso y la
concentración del poder, pueden manifestarse también en regímenes de izquierda.
Ello no implica que dichos regímenes sean necesariamente fascistas, sino que
pueden compartir ciertos mecanismos de control. Por esta razón, existen
acciones y dinámicas que suelen ser comunes a distintas visiones ideológicas,
lo que obliga a mantener un cuidado especial con la precisión conceptual.
En el debate contemporáneo, es
común observar cómo la socialdemocracia y otros sectores han intentado
caracterizar históricamente este fenómeno. Al respecto, se señala que, frente a
la “izquierda de la época, la socialdemocracia tendió a coincidir con el
análisis liberal del fascismo, que veía en él una reacción extemporánea,
acobardada y exagerada”.
Esta perspectiva demuestra que la tendencia a reducir el fascismo a una
anomalía o a un simple mecanismo de reacción no es nueva; sin embargo, en la
actualidad, dicha simplificación ha cobrado un cariz distinto.
En ocasiones, el término «fascista»
se utiliza más como un insulto dentro de las disputas políticas que como una
categoría analítica rigurosa. Cuando esto ocurre, la atención se desplaza hacia
la carga emocional de la palabra y no hacia el examen de las doctrinas,
prácticas o estructuras de poder que realmente están en juego. Esta situación
genera confusión conceptual y dificulta la comprensión de los fenómenos
políticos concretos. Frente a ello, la filosofía tiene la tarea de esclarecer
los conceptos. Desde Sócrates, la filosofía ha insistido en la necesidad de
examinar críticamente las palabras que utilizamos, pues la confusión conceptual
suele conducir a errores de juicio sobre la realidad. De ahí la urgencia de
distinguir entre apariencia y realidad, contribuyendo a la búsqueda de la
verdad en medio de las penumbras del pensamiento y de la polarización ideológica.
Los señalamientos políticos pueden
convertirse, en el fondo, en formas de hostilidad destinadas a marcar
diferencias ideológicas y a obtener ventajas electorales. De este modo, la
militancia política puede ejercerse también desde el ámbito intelectual,
utilizando determinados conceptos más como armas de confrontación que como
instrumentos de análisis. Muchas veces, ambos bandos presentan símbolos,
prácticas o tendencias que pueden recordar ciertos rasgos del fascismo,
utilizándolos de manera recíproca para menospreciar al adversario. En el
contexto de las campañas actuales, tanto un sector como el otro suelen señalar
acciones que consideran fascistas en el bando contrario; sin embargo, el
término se emplea de forma despectiva y cada grupo le atribuye una carga
ideológica particular según su conveniencia.
En suma, el uso indiscriminado de
la palabra «fascismo» genera más confusión que claridad, especialmente cuando
se transforma en una herramienta de confrontación política antes que en un
concepto empleado con rigor analítico.
4.10
Lucha contra la corrupción
A
De la Espriella lo toman como corrupto por ser abogado de personas que han
violado la ley, y a Cepeda por sus acercamientos a grupos guerrilleros. Sin
embargo, lo cierto es que de ninguno de los dos se puede afirmar que sea
corrupto, pues no existen pruebas que así lo demuestren.
Por
lo tanto, su contienda se presenta como una posibilidad interesante, ya que sus
vidas muestran una forma de ser que permite pensar que realmente no serán
corruptos. Al menos, su vida pública está limpia y no podemos decir lo
contrario.
4.11
En tecnología
De
la Espriella habla de la inteligencia artificial, de automatizar mejor
diferentes procesos, fortalecer la robótica, lograr que todo el país esté más
conectado a internet y hacer que los contratos públicos sean más transparentes.
También propone que las Fuerzas Militares utilicen drones más avanzados, pues
considera que la guerrilla ha logrado acceder a mejor tecnología. Aunque el
Ejército utiliza drones desde hace años, él afirma que no son de última
generación.
Cepeda
habla de utilizar la tecnología para garantizar una mayor transparencia en
todos los procesos gubernamentales. Por otra parte, plantea fortalecer la
educación superior y que los niños en las escuelas cuenten con más recursos
educativos. Cuando se refiere a la educación gratuita, es importante precisar
que «la educación en las universidades públicas colombianas ha sido gratuita
para amplios sectores de la población desde hace décadas, y la política de
gratuidad fue fortalecida y ampliada a nivel nacional a partir del segundo
semestre de 2021».
4.12
Cercano a los procesos de negociación con grupos
guerrilleros
Iván Cepeda, candidato a la
presidencia, es un hombre muy cercano a las negociaciones con grupos armados.
Se le critica fuertemente por no pronunciarse con la misma contundencia sobre
las violaciones de derechos humanos cometidas por las guerrillas, ni sobre los
casos de abuso sexual contra menores atribuidos a algunos de estos grupos. Esta
es una crítica que se le hace con frecuencia y que, en realidad, sorprende a
muchos colombianos.
Por otra parte, su acercamiento a
la guerrilla es visto por algunos como una cuestión ideológica, pero también
como una tradición familiar, pues en “Iván Cepeda. Su padre, Manuel Cepeda,
había sido uno de los defensores más destacados de los derechos humanos dentro
del partido Unión Patriótica a principios de los años noventa”.
Este partido, de orientación izquierdista, fue uno de los espacios donde Cepeda
hijo fortaleció sus convicciones políticas e ideales.
De
igual forma, se debe analizar que Iván “Cepeda ha mostrado cercanía con
corrientes de izquierda latinoamericana que incluyen simpatías hacia gobiernos
como los de: Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Un presidente colombiano necesita gobernar
con: Congreso fragmentado; élites regionales; empresarios, fuerzas militares y
sociedad diversa”.
Frente
a esto, algunos consideran que Cepeda podría tener dificultades para construir
consensos amplios, debido a que su pensamiento es percibido como muy
doctrinario. Por lo tanto, dudan de su capacidad para encontrar puntos de
encuentro entre sectores con visiones diferentes.
Iván Cepeda fue activista comunista y se
formó en una universidad con una fuerte presencia de corrientes de izquierda,
donde estudió filosofía. Entre las influencias que se le atribuyen se
encuentran Platón, Michel Foucault, Hegel y, de manera especial, Karl Marx. En
este punto, tampoco se puede olvidar su visión favorable de la Cuba comunista,
país en el que vivió durante parte de su juventud. Es decir, para sus críticos,
reúne muchos de los elementos característicos de una visión política de
izquierda radical.
En el génesis de su pensamiento
está la influencia de su padre. Según algunos autores:
“En su hogar la
doctrina comunista se seguía con una devoción casi religiosa. En aquella época,
la Unión Soviética financiaba el adoctrinamiento internacional mediante células
clandestinas con el propósito de expandir su influencia, por lo que su familia
habría gozado de ciertos beneficios, viajes y educación en el exterior. Fue
allí donde se forjaron algunas de esas convicciones. Resulta paradójico que
Iván creciera en un entorno donde se justificaban ideas según las cuales las
guerrillas surgieron como respuesta a un Estado opresor; una visión que, para
sus críticos, sigue presente en parte de su pensamiento”.
Su historia y su trayectoria
parecen reflejar esa influencia ideológica. Para algunos observadores, ha
mantenido una fuerte fidelidad a esos postulados, nutriéndose de corrientes de
izquierda que, en determinados momentos históricos, justificaron ideas y
prácticas que terminaron produciendo consecuencias negativas. Cabe esperar que
algunas de esas concepciones hayan sido superadas; de lo contrario, existe el
temor de que se intenten revivir ideologías que, según sus críticos, terminan
perjudicando precisamente al pueblo y a los sectores más pobres que dicen
defender.
La asociación entre Cepeda y los procesos
de negociación con grupos guerrilleros no surge únicamente de su actividad
política reciente, sino también de una tradición intelectual e ideológica que
sus críticos consideran presente en su trayectoria. La discusión, por tanto, no
gira exclusivamente en torno a hechos políticos concretos, sino alrededor de la
interpretación de una visión del mundo y del conflicto colombiano.
4.13
El sionismo
De
la Espriella se presenta como un líder fuerte, partidario del orden, la
seguridad y la defensa de la soberanía nacional. Sin embargo, resulta llamativo
que en el pasado haya manifestado opiniones favorables hacia Petro, a quien
llegó a considerar una mejor opción política. Este antecedente permite
cuestionar la coherencia de su actual posicionamiento como representante de una
neoderecha cercana al liberalismo. En consecuencia, cabe preguntarse hasta qué
punto su discurso actual constituye una continuidad de sus convicciones previas
o, por el contrario, una reorientación de su visión política hacia postulados
distintos de los que defendió anteriormente.
Abelardo de la Espriella se asocia al sionismo
debido a su defensa de posiciones soberanistas y de un modelo de Estado
orientado al fortalecimiento del orden y la seguridad. En este sentido, resulta
pertinente recordar la afirmación de Theodor Herzl: “a nadie se le ha de imponer sujeción alguna, fuera de la
necesaria para el mantenimiento del Estado y del orden”.
A
partir de esta idea, De la Espriella propone una política de seguridad
democrática basada en el fortalecimiento de la autoridad estatal y en el uso
legítimo de la fuerza. Sus planteamientos buscan atraer a sectores del
electorado que valoran el nacionalismo, la soberanía y la estabilidad
institucional.
La propia confianza de Herzl en la
expansión de su proyecto político queda reflejada cuando escribió: “(Lunes de Pascua, 1898). Hace tres años que he puesto en
marcha al Movimiento Sionista. Hoy, la idea se ha abierto camino en el mundo”.
De
manera semejante, puede sostenerse que De la Espriella ha manifestado simpatía
por algunas posiciones asociadas al sionismo contemporáneo y que busca impulsar
en Colombia «un proyecto político cercano al desarrollado por Javier Milei en
Argentina». Desde
una lectura crítica, ello podría contribuir a una mayor difusión de estas ideas
en el escenario político nacional.
Como expresa Thomas Hobbes,
“La multitud así unida en una persona se llama REPUBLICA, en latín CIVITAS.
Ésta es la generación de ese gran Leviatán o más bien (por hablar con mayor
reverencia) de ese Dios Mortal a quien debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra
paz y defensa”.
Esta idea permite comprender la importancia que adquiere el Estado en la
filosofía política moderna. En el caso de Abelardo de la Espriella, su
propuesta de combatir el terrorismo mediante el fortalecimiento de la autoridad
estatal puede interpretarse como una reivindicación de ese poder capaz de
garantizar el orden y la seguridad de la comunidad.
Su defensa de una visión
ecuménica de la religión y de la libertad religiosa también plantea
interrogantes sobre la relación entre la autoridad política y la autoridad
religiosa. Desde una lectura hobbesiana, podría sostenerse que la unidad de la
sociedad ya no depende de una confesión determinada, sino de la capacidad del
Estado para mantener la paz civil. En este sentido, el Estado termina ocupando
un lugar central dentro de la vida colectiva, desempeñando funciones que en
otros periodos históricos estuvieron asociadas a la religión.
Esta cuestión adquiere interés
cuando se examinan las corrientes liberales contemporáneas. Aunque los
libertarios suelen defender la reducción de la intervención estatal, el
liberalismo participó históricamente en la formación del Estado moderno. Por
ello, la crítica al Estado no elimina necesariamente su papel como fundamento
del orden político, sino que redefine los límites de su actuación.
4.14
El mal menor
Es frecuente que los ciudadanos
opten por el denominado «mal menor», entendido como: “mal menor es aquel
criterio de descarte de candidatos que sucede cuando las identidades políticas
negativas son mayores y más fuertes que las positivas”.
En este sentido, puede sostenerse que una parte importante del electorado
colombiano elige entre De la Espriella o Cepeda a partir de este criterio,
privilegiando la opción que considera menos perjudicial según sus convicciones
políticas, ideológicas o morales.
El teólogo Jaime Mercant Simó
afirma acerca del «mal menor»:
“I) El malminorismo es hábito vicioso que
propende a la elección del mal, aunque sea menor, y rechaza el bien. Es el
vicio propio del hombre mediocre y abyectamente conformista y cobarde. II) El
mal siempre se ralentiza con el bien, nunca con el mal. El mal menor no es un
bien que ralentice ni frene el mal, sino que es el mal mismo que avanza a un
ritmo más lento. El matiz aquí es importante. III) Nunca puede ser prudente y
virtuoso elegir un mal, y resulta perverso concluir que el no elegirlo pueda
ser imprudente”.
Desde esta perspectiva, el debate político
colombiano parece desarrollarse en torno a la elección entre alternativas que
amplios sectores de la población consideran insatisfactorias. Quienes apoyan a
uno u otro candidato suelen sostener que la opción contraria representa un mal
mayor y que, por tanto, resulta necesario respaldar a quien consideran menos
perjudicial. Sin embargo, para numerosos ciudadanos ambos candidatos presentan
limitaciones significativas. Esta percepción explica, en parte, el creciente
desencanto con la clase política y la sensación de que, con el paso de los
años, las opciones electorales ofrecen respuestas cada vez menos satisfactorias
a los problemas fundamentales del país.
4.15
Los
principios no negociables
El papa Benedicto XVI afirmó que, cuando
resulta difícil elegir a un candidato en el ámbito político, deben tomarse como
referencia los llamados principios no negociables, orientados al bien de la
persona humana. Estos principios son tres:
I)
Defensa de
la vida
Benedicto XVI llegó a decir: “protección
de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la
muerte natural”. Por
consiguiente, en el caso de Cepeda, su campaña habla de la vida como un
principio fundamental; sin embargo, prioriza la defensa del medio ambiente por
encima de la persona humana. Esto llama la atención, especialmente porque
también está de acuerdo con el aborto y la eutanasia, prácticas que, desde la
perspectiva de la doctrina católica, forman parte de la denominada «cultura de
la muerte». En este sentido, cobran relevancia las palabras del papa Francisco
acerca del aborto: “No se puede, no es justo «quitar del medio» a un ser
humano, aunque sea pequeño, para resolver un problema. Es como contratar a un
sicario para resolver un problema”.
El
pontífice fue muy claro al respecto. En consecuencia, quien afirma estar a
favor de la vida no debería estar de acuerdo con el asesinato. Por este motivo,
puede señalarse una incoherencia argumentativa en el discurso del partido
político de Cepeda, pues sostiene estar a favor de la vida de manera general,
sin establecer excepciones explícitas, lo que lleva a interpretar dicha
afirmación en toda su amplitud.
En
el caso de Abelardo de la Espriella, este se presenta como un candidato
provida. Sin embargo, antes de su campaña política no se observan acciones
suficientemente documentadas que evidencien un trabajo constante en defensa de
esta causa. Es cierto que entre sus seguidores se encuentran personas y
movimientos provida que han trabajado durante años por este ideal; no obstante,
en su caso particular parecen predominar las declaraciones y el discurso
político sobre los hechos concretos que permitan demostrar una vocación
sostenida en este ámbito.
II)
Defensa de
la familia
Benedicto XVI llegó a decir:
“reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión
entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los
intentos de equiparla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión
que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo
su carácter particular y su particular y su irreemplazable papel social”.
En
el caso de Cepeda, no promueve la concepción tradicional de la familia
defendida por la doctrina católica. Está de acuerdo con las uniones entre
personas del mismo sexo y con su reconocimiento legal bajo la figura del
matrimonio. Desde la perspectiva de quienes defienden la doctrina tradicional de
la Iglesia, esta posición implica equiparar jurídicamente otras formas de unión
a la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer. Por ello, Cepeda
respalda modelos familiares que difieren de la concepción tradicional sostenida
por el magisterio católico.
Por
otra parte, De la Espriella defiende públicamente la familia tradicional y,
además, está casado y tiene hijos. Sin embargo, también debe reconocerse que su
postura liberal parece admitir ciertos tipos de unión distintos del matrimonio
tradicional. No obstante, estos aspectos suelen recibir menor atención en su
discurso político, posiblemente para no afectar el apoyo de aquellos sectores
que defienden exclusivamente la familia tradicional.
III)
Educación
de los hijos
Las palabras de Benedicto XVI
fueron: “protección del derecho de los
padres a educar a sus hijos”.
En este punto, Cepeda otorga
al Estado un papel central en la educación de los hijos, considerando que dicha
institución posee la autoridad necesaria para intervenir ampliamente en este ámbito.
Por el contrario, De la Espriella sostiene que la responsabilidad principal de
la educación corresponde a los padres.
En
este mismo sentido, el papa Benedicto XVI llegó a expresar que “han de tomar
decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida
humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el
matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de la educación de los hijos”.
Esta misma visión también fue «formulada por Juan Pablo II».
En
consecuencia, la doctrina social de la Iglesia comparte esta perspectiva, la
cual puede vincularse con una tradición de filosofía política cuyos principales
referentes incluyen a Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, San
Buenaventura, San Agustín de Hipona, Santo Tomás Moro y el magisterio de los
papas, entre otros pensadores cristianos.
Cabe
señalar que, si se toman como criterio estos principios no negociables, puede
afirmarse que ninguno de los candidatos los cumple plenamente. Por lo tanto, la
decisión electoral se vuelve más compleja para quienes consideran dichos
principios como un criterio fundamental de evaluación política. En efecto,
desde esta perspectiva, los ciudadanos encuentran mayores dificultades para
determinar cuál de los candidatos representa la mejor opción bajo estos
parámetros.
5.
DISCUSIÓN INTERPRETATIVA FILOSÓFICA
El
análisis de los candidatos Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella se ubica en
una lógica de fuerte polarización política que, en cierto sentido, se aleja de
una comprensión más profunda de lo social desde la ontología. Desde la
perspectiva de Chantal Mouffe, la política contemporánea tiende a organizarse
en torno a la construcción de un «ellos» y un «nosotros», donde el adversario
termina siendo visto casi como un enemigo. En ese sentido, la moral se
instrumentaliza dentro del debate político, y las categorías clásicas de
derecha e izquierda pierden parte de su capacidad explicativa, quedando más
bien como etiquetas que operan en la práctica política.
En
este contexto, puede relacionarse lo anterior con la idea de José Ortega y
Gasset sobre la «hemiplejia moral», es decir, esa tendencia a reducir la
realidad a posiciones cerradas y poco matizadas. Así, la soberanía del Estado
también parece diluirse en medio de discursos políticos que responden a lógicas
más amplias de poder. En el caso de los candidatos, se perciben alineaciones
indirectas con proyectos políticos mayores: por un lado, Cepeda dentro de un
entorno cercano al proyecto progresista asociado a Gustavo Petro y ciertos
espacios internacionales; por otro, De la Espriella vinculado a una nueva
derecha influenciada por figuras como Javier Milei o Nayib Bukele. Estas
dinámicas pueden leerse críticamente como parte de procesos de influencia
política global que algunos autores han interpretado como formas de ingeniería
social.
Desde
esta perspectiva, los candidatos no aparecen únicamente como representantes
directos del pueblo, sino también como actores insertos en estructuras de poder
más amplias. Aunque se presentan como proyectos distintos, ambos se mueven
dentro de un marco liberal que, de una u otra forma, redefine la relación entre
Estado, sociedad y economía. En esta línea, la lectura de Thomas Hobbes ayuda a
comprender la importancia del orden político como base de la vida social,
aunque en la actualidad ese orden parece fragmentado y condicionado por
dinámicas externas que afectan la soberanía estatal.
En
el plano social, autores como Laura Quintana, en La política de los cuerpos,
muestran cómo las emociones, especialmente la rabia, juegan un papel importante
en la configuración de lo político. No se trata de elementos secundarios, sino
de fuerzas que movilizan a la sociedad, especialmente en escenarios digitales.
A su vez, en Michel Foucault, la noción de microfísica del poder permite
entender cómo el miedo y las relaciones cotidianas también estructuran formas
de dominación y control.
En
el campo ético y cultural, la democracia reducida únicamente al acto de votar
tiende a empobrecer su sentido. Desde una lectura inspirada en Antonio Gramsci,
se puede observar cómo los discursos políticos a veces instrumentalizan ideas
morales o religiosas para ganar apoyo, alejándose del debate de fondo. En este
contexto, tanto Cepeda como De la Espriella pueden ser criticados por distintas
formas de instrumentalización del discurso político, donde en ocasiones el
énfasis no está en las ideas sino en la deslegitimación del adversario.
En
consecuencia, el ciudadano termina enfrentado a la lógica del «mal menor», lo
que genera una percepción de desgaste del sistema democrático. La política deja
de orientarse claramente hacia el bien común y el voto se convierte muchas
veces en una decisión de descarte. Frente a esto, autores como Nicolás Gómez
Dávila critican la mediocridad de la vida política moderna. Desde una
perspectiva más clásica, se mantienen principios fundamentales como la defensa
de la vida, la familia y la educación, asociados a los llamados «principios no
negociables de Benedicto XVI». En este marco, el problema de fondo parece ser
la creciente polarización, que divide a la sociedad y dificulta una comprensión
más equilibrada de la realidad política.
CONCLUSIÓN
En
el itinerario de la hermenéutica contemporánea, dentro de la contienda en la
que uno de los candidatos llegará a la presidencia, se evidencian las visiones
ideológicas y la crisis propia de la política actual. Las instituciones ya no
poseen la solidez de otros tiempos y muestran signos de debilitamiento. El
panorama se percibe sombrío debido a la creciente polarización de la población.
De igual manera, tanto Iván Cepeda como Abelardo de la Espriella presentan
limitaciones en su acción política, pues articulan el cuerpo social
principalmente a partir de una praxis orientada a la disputa por los votos.
Existe
una distancia significativa entre ambos proyectos políticos; sin embargo, los
pensadores filosóficos están llamados a proponer nuevas formas de comprender la
política y la sociedad. Resulta necesario transformar ciertas estructuras, ya
que los futuros análisis filosóficos deberán contribuir a la construcción de
formas de acción política orientadas al bien común. Se ha dejado de lado la
ontología y nos encontramos en un tiempo posmetafísico, donde con frecuencia la
retórica adquiere mayor importancia que la búsqueda de la verdad. Lo relevante
parece ser la capacidad de captar votos, instrumentalizando a la sociedad
mediante mecanismos que algunos autores han definido como formas de ingeniería
social al servicio de intereses internacionales. En este punto, resulta pertinente
seguir el camino socrático presente en el pensamiento de José Ortega y Gasset,
cuya visión no se caracteriza por esquemas rígidos, sino por una perspectiva
analógica y equilibrada que busca afrontar los problemas reales.
De
igual manera, cuando la política se vacía de doctrina, surgen ciertos
referentes de carácter tecnocrático que, para algunos sectores, terminan
ocupando el lugar de autoridad. Algunos políticos instrumentalizan incluso
documentos pontificios para fines electorales. Por otra parte, el debate
digital se ha convertido en un escenario especialmente agresivo, donde abundan
los ataques personales, las falacias y el uso de la inteligencia artificial
para desacreditar al adversario. Estas dinámicas contribuyen a fragmentar cada
vez más la sociedad colombiana, que termina entregando parte de su voluntad a
mecanismos biopolíticos, mientras el Estado es condicionado por las dinámicas
del comercio internacional.
Desde
esta perspectiva, la realidad política colombiana exige pensar una dimensión
distinta, desvinculada de varios de los axiomas de la modernidad que han sido
cuestionados por corrientes transmodernas. Esto permitiría enriquecer la
reflexión metapolítica en Colombia frente a la crisis que atraviesa la
sociedad. Se hace necesaria una nueva mirada epistemológica en la que la
comunidad supere posiciones rígidas y evite quedar reducida tanto al
subjetivismo moral como a intereses particulares. Los burócratas suelen
responder a intereses específicos y, en muchos casos, el camino neoliberal se ha
alejado de fundamentos metafísicos más profundos. De ahí surgen numerosos
problemas institucionales: los conflictos no se abordan desde sus raíces, sino
mediante soluciones superficiales que terminan favoreciendo la permanencia de
prácticas corruptas. De esta forma, el mal político encuentra mecanismos de
legitimación jurídica, siguiendo una lógica individualista propia de la
modernidad y alejándose de las transformaciones estructurales que requiere la
nación colombiana.
Para
terminar, es preciso recordar la conformidad del ciudadano ante la lógica del
«mal menor», fortaleciendo así una visión idealizada de la democracia. Cuando
el voto se aleja del bien común y la lógica del descarte se impone, son otros
quienes terminan definiendo qué opción debe considerarse la mejor. Este tipo de
sociedad conformista fue denunciado por Nicolás Gómez Dávila. En este contexto,
puede sostenerse que ninguno de los candidatos representa plenamente los
principios que defienden la dignidad de la persona humana, aunque existe la posibilidad
real de que cualquiera de ellos llegue a la presidencia. El desafío de las
futuras campañas consiste en superar la polarización, evitando que los centros
de poder configuren artificialmente los sentidos políticos de la sociedad y
promoviendo que el próximo presidente sea elegido por sus propuestas y
virtudes, y no únicamente por la descalificación de su adversario.