Por Diego Fernando García
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La apologética en redes sociales
Algunos apologetas de internet son diletantes y erísticos, con movimientos burdos y una capacidad cognitiva que adquiere un matiz casi hipnótico. Nadie puede negar que estos «influencers» dominan la coherencia, la argumentación y la racionalidad, orientándolas a la consecución de fines propios. En un inicio parecían sostener grandes ideas; sin embargo, hoy resulta incierto qué habita en su pensamiento. Lo que sí se evidencia es que terminan haciéndole eco al ego. En consecuencia, sus seguidores se convierten en subordinados acríticos, adherentes incondicionales e individuos con dependencia ideológica. En definitiva, es ahí donde la apologética se metamorfosea en ideología.
El apologeta predominante establece el marco discursivo, dentro del cual sus agentes lo siguen, propugnando aquello que afirma quien, pese a su aparente relevancia, en la praxis resulta ser un fantoche, un engañabobos y un personaje marcadamente teatral. No es la academia teológica, ni el seminario mayor de una diócesis, ni una comunidad religiosa de referencia lo que legitima su discurso, sino las dinámicas propias de las redes sociales, que le confieren visibilidad. Es decir, son las vistas y los ‘likes’ los que terminan otorgándole una supuesta pertinencia académica.
En este mismo sentido, la gran pregunta que me hago es: ¿qué obispo, en una diócesis o arquidiócesis, autoriza este tipo de apologética? Si es así, debería limitarse al ámbito donde el obispo ejerce su autoridad. Por otro lado, cabe preguntarse si los debates que se desarrollan en redes sociales son realmente aceptados por la Iglesia universal. “No se recurra aquí”[1] al argumento del compromiso bautismal o de la confirmación como justificación para ser testigos, porque lo que se observa no es un verdadero testimonio de fe, sino disputas estériles que no conducen a nada.
En efecto, hoy por hoy la Iglesia Católica está perdiendo fieles a nivel mundial, y no tanto por el protestantismo, sino por el auge del ateísmo y de diversas corrientes ideológicas. El progresismo avanza, mientras estos supuestos intelectuales centran su atención casi exclusivamente en el protestantismo, lo que, en la práctica, termina favoreciendo aquello que dicen combatir. Si no se han dado cuenta, es momento de despertar. De lo contrario, parecería que esperan pasivamente una solución idealizada, como si vivieran en un cuento de hadas, muy alejados del realismo aristotélico-tomista que tanto invocan de manera superficial.
Tu amigo de siempre Diego Fernando García.
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Referencias
[1] Los apologetas en redes sociales suelen apelar al compromiso evangelizador y, posteriormente, fundamentan su postura en la necesidad de dar razón de la fe. Por ello sostengo esta crítica, ya que es un argumento que repiten de manera constante.
