¿EXISTE LA LOCURA?



Lic. Yuri Chavarry Tello

Psicólogo Clínico

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¿EXISTE LA LOCURA? 

El término “locura” ha acompañado a la humanidad a lo largo de su historia, cargado de significados cambiantes según la época, la cultura y el nivel de conocimiento disponible. En el lenguaje cotidiano, suele emplearse para describir conductas extrañas, irracionales o alejadas de la realidad. Sin embargo, desde una perspectiva clínica, se trata de un concepto impreciso que no corresponde a ninguna categoría diagnóstica formal.

Más que una entidad médica, la “locura” ha sido una forma de nombrar aquello que no se comprendía. Como advierte Michel Foucault (1961), su significado no puede separarse de los contextos sociales e históricos que han definido los límites entre la razón y su aparente opuesto. En ese sentido, la “locura” no solo remite a un fenómeno psicológico, sino también a una construcción cultural. Por ejemplo, en la antigüedad civilizaciones como la egipcia, griega y romana atribuían las alteraciones mentales a causas sobrenaturales o divinas. Posteriormente, Hipócrates propuso una explicación naturalista basada en el desequilibrio de los humores corporales, marcando un primer intento por comprender estos fenómenos desde una perspectiva médica (Jackson, 2011).

Durante la Edad Media, muchas manifestaciones hoy consideradas psicopatológicas fueron interpretadas bajo claves religiosas, en ocasiones como posesiones demoníacas (Foucault, 1961). No obstante, la postura actual de la Iglesia Católica es considerablemente más prudente. Exorcistas como el Padre Gabriele Amorth (1999) sostienen que, antes de considerar una intervención espiritual, es necesario descartar rigurosamente cualquier trastorno psiquiátrico o neurológico, en colaboración con profesionales de la salud.

Con el desarrollo de la psiquiatría moderna, especialmente a partir de figuras como Philippe Pinel, se produjo un cambio decisivo, donde se pasó de una visión moral o sobrenatural a un enfoque médico y humanitario (Porter, 2002). Este giro permitió reconocer que detrás de lo que antes se llamaba “locura” existen condiciones específicas, como la psicosis, caracterizada por una alteración en la percepción de la realidad que puede incluir delirios, alucinaciones y desorganización del pensamiento (American Psychiatric Association, 2022).

En Hispanoamérica, autores como Néstor Braunstein (2008) han subrayado que la llamada “locura” no puede comprenderse únicamente desde categorías biomédicas, sino también como una expresión del sujeto en relación con el lenguaje, la cultura y el orden simbólico. Esta mirada complementa el enfoque clínico al recordar que el sufrimiento psíquico no es solo disfunción, sino también significado.

En el Perú, la reforma de salud mental impulsada por el Ministerio de Salud (2018) ha promovido un modelo comunitario que busca desplazar la visión hospitalocéntrica y estigmatizante hacia una atención integral, centrada en la persona y su entorno. Este enfoque reconoce que los trastornos mentales no deben aislar al individuo de la sociedad, sino abordarse desde redes de apoyo comunitario, familiar y cultural.

Hoy sabemos que estos cuadros pueden tener múltiples causas que pueden ser biológicas, psicológicas y sociales y que, con el tratamiento adecuado, muchas personas logran una vida funcional y significativa (Torrey, 2017). Esta comprensión ha contribuido a desmontar el estigma que históricamente ha pesado sobre quienes padecen trastornos mentales.

Entonces, ¿existe la locura? La respuesta depende del sentido que le otorguemos al término. Si se entiende como una categoría clínica, la respuesta es no, no existe como tal. Pero si se la considera como una etiqueta histórica y cultural utilizada para designar aquello que desborda la norma o resulta incomprensible, entonces sí, ha existido y en cierto modo, aún persiste. De ahí la importancia del lenguaje porque llamar “loco” a alguien no es un acto neutral, no describe, sino que simplifica, reduce y, muchas veces, excluye. Por ello, más que preguntarnos si la locura existe, convendría cuestionarnos cómo estamos nombrando y tratando el sufrimiento psíquico en nuestra sociedad.

REFERENCIAS

1.     American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Publishing.

2.     Amorth, G. (1999). An exorcist tells his story. Ignatius Press.

3.     Braunstein, N. (2008). El goce: Un concepto lacaniano. Siglo XXI Editores.

4.     Foucault, M. (1961). Histoire de la folie à l’âge classique. Gallimard.

5.     Jackson, S. W. (2011). Historia de la melancolía y la enfermedad mental. Cambridge University Press.

6.     Ministerio de Salud del Perú. (2018). Modelo de atención de salud mental comunitaria en el Perú. MINSA.

7.     Porter, R. (2002). Madness: A brief history. Oxford University Press.

8.     Torrey, E. F. (2017). Surviving schizophrenia: A family manual (7th ed.). HarperCollins.

Por Lic. Yuri Chávarry Tello
Psicólogo clínico y católico comprometido con el diálogo fe-razón. 

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Diego Fernando García

Soy el administrador del Pensamiento Serio. Soy un lector de filosofía, libros que hablan de pensamiento humano, mi corriente filosófica es: neo-realismo analógico. Escritor de blog, artículos, creador del proyecto «pensamiento serio». Me gusta el tomismo y la Filosofía Colombiana.

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