WALDEN TWO: UNA UTOPÍA CONDUCTUAL QUE NOS SIGUE INTERPELANDO

 


Colaboración del Lic. Yuri Chavarry Tello

Psicólogo Clínico

Tabla de Contenido Automática

TABLA DE CONTENIDO

 

WALDEN TWO

En 1948, el psicólogo estadounidense, de la corriente conocida como el conductismo, B. F. Skinner publicó Walden Two, una novela que, bajo la apariencia de una obra de ficción utópica, planteaba una pregunta profundamente psicológica: ¿Qué ocurriría si utilizáramos nuestro conocimiento sobre la conducta humana para diseñar deliberadamente una sociedad? Más que describir una simple comunidad ideal, Skinner imaginó un auténtico experimento social. En Walden Two, las relaciones humanas, la educación, el trabajo, la crianza, la economía, el ocio e incluso determinadas prácticas culturales son organizadas a partir de conocimientos derivados del análisis de la conducta. La novela presenta así una sociedad en la que buena parte de aquello que normalmente atribuimos a la tradición, a las costumbres o a decisiones individuales puede ser objeto de observación, evaluación y modificación.

Por eso, más de siete décadas después de su publicación, Walden Two continúa siendo una obra incómoda e intelectualmente provocadora. No necesariamente porque sus propuestas puedan trasladarse literalmente a nuestra sociedad actual, sino porque nos obliga a formular una pregunta que sigue siendo vigente: ¿Hasta dónde podemos (y hasta dónde deberíamos) intervenir deliberadamente sobre el ambiente para modificar la conducta humana?

UNA COMUNIDAD CONSTRUIDA DESDE LA PSICOLOGIA

La historia comienza cuando un grupo de personas visita una comunidad llamada Walden Two, fundada y dirigida intelectualmente por T. E. Frazier. Entre los visitantes se encuentran el profesor Burris, Rogers y otros personajes que van conociendo las características de esta sociedad. La comunidad ha eliminado o reducido buena parte de las estructuras sociales convencionales. El trabajo se organiza de una manera diferente, existe un sistema de créditos laborales, la educación infantil no reproduce exactamente el modelo familiar tradicional y se procura que las personas aprendan a comportarse de manera cooperativa sin recurrir constantemente al castigo.

La figura de Frazier resulta particularmente importante porque es quien explica la lógica que sostiene la comunidad. Su propuesta no consiste simplemente en decirle a las personas cómo deben comportarse, sino en organizar las condiciones ambientales de tal manera que determinadas conductas resulten más probables que otras.

Aquí encontramos uno de los conceptos fundamentales de la corriente psicológica conocida como el conductismo, según el cual, la conducta no ocurre en el vacío, sino que está relacionada con sus antecedentes y, especialmente, con sus consecuencias. En el análisis conductual, las consecuencias pueden modificar la probabilidad de que una conducta vuelva a presentarse (Skinner, 1953). Walden Two lleva esta idea desde el laboratorio y los contextos educativos o clínicos hasta la organización de una comunidad entera y allí comienza precisamente la parte más interesante del libro.

CONTEXTO HISTORICO DE UNA UTOPIA NACIDA DESPUÉS DE LA GUERRA

Para comprender Walden Two es preciso recordar que cuándo fue escrita. Skinner comenzó a trabajar en la novela en 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba llegando a su fin, y la obra fue publicada en 1948 (Altus & Morris, 2009; Ardila, 2008). Ello no es un detalle menor, ya que Estados Unidos acababa de atravesar una guerra de dimensiones inéditas y comenzaba a enfrentarse a un nuevo escenario internacional. La humanidad había demostrado una capacidad tecnológica extraordinaria, pero esa capacidad también había sido utilizada para producir una destrucción igualmente extraordinaria.

En ese contexto, la idea de utilizar la ciencia para construir una sociedad diferente podía resultar especialmente atractiva. Skinner veía posibilidades en la aplicación sistemática del conocimiento científico a problemas humanos y sociales. Según Altus y Morris (2009), el origen de la novela estuvo relacionado precisamente con las inquietudes de Skinner acerca de qué clase de sociedad construirían los jóvenes después de la guerra.

El momento histórico también era importante para la propia psicología, dado que conductismo había adquirido una posición central en la psicología estadounidense y Skinner se había convertido en una de sus figuras más importantes. Su interés no se limitaba a explicar el comportamiento en condiciones experimentales, también aspiraba a mostrar que los principios descubiertos mediante el análisis científico podían tener aplicaciones mucho más amplias. En ese sentido, Walden Two puede entenderse como una extrapolación audaz bajo la premisa de que, si podemos modificar sistemáticamente determinadas conductas individuales, ¿podríamos también diseñar ambientes capaces de producir formas de convivencia más saludables y cooperativas?

Rubén Ardila (2008) señala que la novela presenta precisamente una comunidad utópica basada en el análisis experimental de la conducta y que, desde su publicación, ha sido objeto de análisis psicológico, filosófico y social. Incluso inspiró posteriormente comunidades experimentales que intentaron llevar algunos de sus principios a la práctica. Por tanto, Walden Two no debe entenderse únicamente como literatura. Es también un documento intelectual de una época en la que existía una fuerte confianza en que la ciencia podía contribuir a transformar radicalmente la sociedad.

NO SE TRATA SOLAMENTE DE “CONDICIONAR PERSONAS"

Una lectura superficial de Skinner puede conducir rápidamente a una caricatura del conductismo sería simplemente la idea de que las personas pueden ser manipuladas mediante premios y castigos. Pero Walden Two es más interesante que eso, ya que una de las ideas centrales de la novela es precisamente la experimentación permanente. Las prácticas de la comunidad no deberían considerarse definitivas. Si una determinada organización produce mejores resultados, se mantiene; si deja de funcionar, se modifica. En esta línea Altus y Morris (2009) señalan que la visión utópica de Skinner no consistía tanto en imponer una serie definitiva de prácticas sociales, más bien consistía en utilizar métodos empíricos para descubrir qué prácticas podían favorecer la salud, la prosperidad y el desarrollo de las personas y de la comunidad.

Esto es importante porque introduce una idea que, desde mi visión como psicólogo clínico, sigue teniendo enorme valor, me refiero a que no basta con tener buenas intenciones; las intervenciones deben ser evaluadas por sus resultados. En psicología clínica estamos acostumbrados a esta lógica. Una intervención no debería considerarse eficaz simplemente porque suena bien, porque tiene una explicación atractiva o porque alguien afirma que funciona. Debemos preguntarnos qué evidencia existe, para quién funciona, en qué condiciones y con qué resultados. En ese sentido, Skinner sigue teniendo algo que enseñarnos.

EL AMBIENTE TAMBIEN FORMA PARTE DEL PROBLEMA

Desde mi ejercicio como psicólogo clínico de orientación cognitivo-conductual, considero especialmente valiosa una de las intuiciones fundamentales de Walden Two, según la cual, si queremos modificar determinadas conductas, no podemos ignorar el ambiente en el que esas conductas aparecen y se mantienen. En ocasiones se pretende explicar un problema psicológico exclusivamente desde las características internas de la persona. Sin embargo, desde una perspectiva cognitivo-conductual sabemos que es necesario considerar la interacción entre pensamientos, emociones, conductas y condiciones ambientales. Una persona puede, por ejemplo, intentar modificar un hábito mientras permanece expuesta permanentemente a los mismos estímulos, reforzadores y patrones de interacción que contribuyeron a mantenerlo.

Modificar el ambiente no significa necesariamente manipular a la persona. Puede significar también crear condiciones que faciliten conductas saludables. En el campo de la educación, por ejemplo, una organización adecuada del aula puede favorecer determinados comportamientos. En una familia, modificar las pautas de comunicación puede reducir determinados conflictos. En una intervención clínica, cambiar rutinas, estímulos antecedentes y consecuencias puede facilitar la adquisición de nuevas conductas. En este punto, Walden Two conserva una actualidad notable.

Nelson (2012), incluso, ha señalado algunas semejanzas entre determinados aspectos de la novela y preocupaciones posteriormente desarrolladas por la psicología positiva, como el bienestar, el uso constructivo del ocio, las emociones positivas y el desarrollo de determinadas fortalezas. Esto resulta interesante porque obliga a matizar una imagen excesivamente simplificada de Skinner como alguien exclusivamente interesado en la conducta observable y completamente indiferente al bienestar humano.

PERO EL AMBIENTE NO LO EXPLICA TODO

Precisamente aquí aparece mi principal distancia crítica con el proyecto de Walden Two, por que reconocer el enorme valor del análisis de la conducta no significa aceptar que la conducta humana pueda comprenderse exclusivamente desde las contingencias ambientales. Como clínico formado bajo el enfoque cognitivo-conductual, considero que una comprensión adecuada de la persona requiere atender también a procesos cognitivos, emocionales, interpersonales y, dependiendo del caso, existenciales, ya que no somos solamente organismos que responden a contingencias. Las personas interpretamos acontecimientos, elaboramos creencias, anticipamos consecuencias, construimos proyectos, sufrimos, amamos, recordamos, tomamos decisiones y buscamos sentido a lo que nos sucede.

Incluso dentro de la propia evolución de la psicología conductual resulta necesario evitar una caricatura del enfoque cognitivo-conductual contemporánea como si esta ignorara completamente el ambiente. Por el contrario, una buena formulación clínica intenta comprender cómo interactúan diferentes niveles de influencia sobre el comportamiento. Por eso considero que Walden Two ilumina una parte fundamental del problema, pero no necesariamente el problema completo. Porque si bien nos recuerda aquello que el ambiente puede hacer, pero también nos obliga a preguntarnos aquello que el ambiente no puede reemplazar.

¿QUIEN CONTROLA A QUIENES CONTROLAN?

Hay una cuestión todavía más profunda en la novela, porque si una sociedad puede ser diseñada científicamente, surge inevitablemente la pregunta de quién diseña a los diseñadores. Este es uno de los problemas filosóficos más interesantes de Walden Two. Supongamos que conocemos técnicas eficaces para aumentar determinadas conductas. ¿Quién decide cuáles deben aumentar? Podemos demostrar empíricamente que una determinada práctica produce cooperación, productividad o determinados hábitos. Pero de ahí no se desprende automáticamente que esos objetivos sean los únicos o los más importantes. La ciencia puede ayudarnos a responder preguntas acerca de qué ocurre cuando hacemos X, pero no siempre puede responder por sí sola si debemos hacer X.

Esta distinción entre hechos y valores resulta fundamental cuando pasamos de la modificación de la conducta individual al diseño de una sociedad. El propio desarrollo posterior de las comunidades inspiradas en Walden Two resulta ilustrativo. Rakos (2006), al revisar la historia de estas experiencias, señala que muchas de ellas encontraron dificultades relacionadas con factores individuales, culturales y organizacionales. Incluso la autonomía de los propios participantes terminó siendo un problema relevante en varias de estas comunidades. La experiencia histórica resulta interesante precisamente porque muestra que diseñar una sociedad sobre el papel es mucho más sencillo que conseguir que personas reales quieran vivir permanentemente dentro de ella.

UNA MIRADA DESDE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Como católico, encuentro en Walden Two un terreno particularmente interesante para dialogar entre psicología, antropología y Doctrina Social de la Iglesia. La Doctrina Social de la Iglesia no rechaza la organización social ni la búsqueda del bien común. Todo lo contrario. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia reconoce como principios fundamentales la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad (Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, 2005).

En este sentido, hay elementos de Walden Two que pueden resultar incluso sugerentes desde una perspectiva cristiana, como la cooperación, la preocupación por las condiciones de vida, la educación, la reducción de determinadas formas de violencia, la responsabilidad comunitaria y la búsqueda de condiciones sociales que favorezcan el desarrollo humano. El problema aparece cuando el bienestar colectivo corre el riesgo de convertirse en un fin que termina absorbiendo a la persona. Como señala el Pontificio Consejo “Justicia y Paz” (2005) el ser humano es considerado único e irrepetible y abierto a la trascendencia; además, la libertad constituye una dimensión esencial de la persona. Es aquí aparece una diferencia antropológica fundamental.

Una sociedad puede organizar determinadas condiciones para favorecer ciertos comportamientos. Pero la persona no puede ser reducida a aquello que una sociedad desea producir en ella. El principio de subsidiariedad resulta especialmente pertinente. El Compendio señala que las instancias superiores deben ayudar a las personas y a los grupos menores, pero no sustituir injustificadamente su iniciativa y responsabilidad. La subsidiariedad protege precisamente ese espacio de libertad e iniciativa (Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, 2005). Desde esta óptica, una comunidad orientada al bien común no debería buscar simplemente producir ciudadanos que se comporten correctamente. Debería crear condiciones para que las personas puedan participar responsablemente en la construcción del bien común, lo cual no es exactamente lo mismo.

Dado que en Walden Two, la organización científica de la comunidad busca reducir muchos problemas humanos mediante una cuidadosa arquitectura de contingencias. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, en cambio, el bien común no puede separarse de la dignidad, la libertad, la responsabilidad y la participación de las personas. Además, el bien común no es simplemente la suma de bienes individuales, sino el conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas y grupos alcanzar más plenamente su realización (Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, 2005). Esto introduce una diferencia importante, donde el bienestar social no puede medirse únicamente por la eficiencia del sistema.

LA LIBERTAD: ¿AUSENCIA DE CONTROL O CAPACIDAD PARA ELEGIR?

Aquí encontramos probablemente la cuestión más provocadora de toda la obra, puesto a que Skinner cuestionó profundamente la idea tradicional de libertad entendida como ausencia de determinación. Desde su visión, la conducta humana está siempre influida por condiciones ambientales. La diferencia estaría, en buena medida, entre un control accidental y un control deliberadamente organizado. Esta cuestión sería desarrollada posteriormente por Skinner en Beyond Freedom and Dignity (Mas allá de la libertad y la dignidad) obra publicada en 1971, donde defendió la necesidad de abandonar determinadas concepciones tradicionales de libertad y dignidad en favor de una comprensión científica de la conducta.

Pero cristianamente hablando la libertad no puede reducirse simplemente a la ausencia de obstáculos externos. La libertad humana implica capacidad de elección y responsabilidad moral. El Compendio vincula explícitamente la libertad con la verdad y con la ley natural, entendiendo a las personas como sujetos activos y responsables de la vida social (Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, 2005). Por eso a mi juicio, existe una diferencia fundamental entre facilitar una conducta buena y diseñar a una persona para que produzca una determinada conducta. La primera puede ser una tarea legítima de la educación, la psicología y la organización social, la segunda plantea problemas antropológicos y éticos mucho más profundos.

LO QUE UN PSICOLOGO CLINICO PUEDE RESCATAR DE SKINNER

Sería injusto leer Walden Two únicamente como una amenaza a la libertad. Skinner nos recuerda algo que la psicología clínica no debería olvidar, me refiero al hecho de que las personas viven en ambientes concretos y esos ambientes influyen poderosamente en lo que hacen. Por eso si queremos ayudar a alguien a cambiar, no siempre basta con decirle que debe cambiar. A veces tenemos que preguntarnos: ¿Qué mantiene esta conducta?, ¿Qué consecuencias recibe?, ¿Qué situaciones la desencadenan?, ¿Qué conductas alternativas están disponibles?, ¿Qué habilidades necesita desarrollar la persona? Y ¿Qué condiciones de su entorno favorecen o dificultan el cambio? Estas preguntas son perfectamente compatibles con una práctica clínica contemporánea y basada en evidencia. El problema comienza cuando pasamos de afirmar que el ambiente influye sobre la persona a afirmar que la persona es solamente el producto del ambiente. Ahí considero que Walden Two deja abierta una discusión que excede al conductismo.

UNA UTOPIA QUE TERMINO CONVIRTIENDOSE EN EXPERIMENTO

Quizá uno de los aspectos más interesantes de Walden Two sea que la novela no permaneció completamente en el terreno de la imaginación. Después de su publicación aparecieron comunidades que intentaron inspirarse en sus propuestas. Ardila (2008) señala que durante las décadas siguientes surgieron diferentes experiencias comunitarias vinculadas con la obra, entre ellas Los Horcones, en México. La historia de estas comunidades permite observar algo que ningún experimento puramente teórico puede mostrar, me refiero al hecho de que las personas reales son mucho más complejas que cualquier diseño social sobre el papel.

Rakos (2006) destaca que diversas comunidades inspiradas por Skinner enfrentaron dificultades para mantener sus proyectos, y que factores individuales y contextuales terminaron teniendo una influencia importante. Esto no invalida automáticamente la propuesta de Skinner. Pero sí constituye un recordatorio saludable para cualquier intento de ingeniería social, porque una comunidad humana no es un laboratorio compuesto por variables perfectamente controlables. Las personas tenemos historia, vínculos, valores, convicciones, conflictos, aspiraciones y capacidad para cuestionar incluso las reglas del sistema en el que habitan.

UNA OBRA QUE MERECE SER LEIDA CRITICAMENTE

Walden Two puede parecernos ingenua en algunos aspectos, pero sería un error descartarla por ello. Skinner tuvo el mérito de formular una pregunta que continúa siendo extraordinariamente actual: ¿Podemos utilizar el conocimiento científico de la conducta para construir mejores ambientes humanos? Mi respuesta sería que sí podemos y, en determinados contextos, incluso debemos hacerlo. Porque la psicología puede contribuir a diseñar mejores programas educativos, intervenciones clínicas más eficaces, ambientes laborales saludables y estrategias comunitarias que favorezcan conductas prosociales. Sin embargo, existe otra pregunta que la ciencia de la conducta, por sí sola, no puede resolver completamente: ¿Qué clase de persona queremos ayudar a formar? Ahí entramos en el terreno de la antropología, la ética y la filosofía y es precisamente ahí donde mi lectura como psicólogo clínico y como católico encuentra el mayor valor de Walden Two.

Porque si bien la obra nos recuerda que el ambiente importa, que las consecuencias importan, que nuestras prácticas sociales pueden modificarse y que muchas conductas que consideramos inevitables son, en realidad, susceptibles de aprendizaje o cambio. También nos obliga a recordar que la persona es más que su conducta observable. No somos únicamente aquello que nuestro ambiente ha hecho de nosotros. Somos también seres capaces de comprender, deliberar, elegir, asumir responsabilidades, buscar la verdad y orientar nuestra existencia hacia determinados bienes.

Por eso Walden Two sigue siendo una utopía interesante, pero también una advertencia que nos invita a preguntarnos cuánto podemos mejorar la sociedad mediante el conocimiento de la conducta y al mismo tiempo, nos obliga a preguntarnos qué podríamos perder si, en nuestro afán por construir una sociedad perfectamente organizada, olvidáramos aquello que hace que una persona sea precisamente una persona. Skinner nos muestra el enorme poder del ambiente. La antropología cristiana nos recuerda que ese poder no debe convertirse en sustituto de la dignidad, la libertad y la responsabilidad humanas. Quizá esa tensión sea, finalmente, la razón por la que Walden Two sigue siendo una obra que merece ser leída, apreciada y también críticamente cuestionada.

REFERENCIAS

1.- Altus, D. E., & Morris, E. K. (2009). B. F. Skinner's utopian vision: Behind and beyond Walden Two. The Behavior Analyst, 32(2), 319–335. https://doi.org/10.1007/BF03392195 (PubMed Central (PMC))

2.- Ardila, R. (2008). Walden Dos, 60 años después (1948–2008). Revista Latinoamericana de Psicología, 40(3), 595–597. (ResearchGate)

3.- Nelson, R. E. (2012). Skinner's Walden Two: An anticipation of positive psychology? Review of General Psychology, 16(1), 1–9. https://doi.org/10.1037/a0026439 (ResearchGate)

4.- Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana. (Vatican Press)

5.- Rakos, R. F. (2006). Review of Living Walden Two: B. F. Skinner's behaviorist utopia and experimental communities. The Behavior Analyst, 29(1), 153–157. https://doi.org/10.1007/BF03392128 (PubMed Central (PMC))

6.- Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. Macmillan. (Catálogo de la Biblioteca de Camden CC)

7.- Skinner, B. F. (1971). Beyond freedom and dignity. Alfred A. Knopf.

8.- Skinner, B. F. (1974). About behaviorism. Knopf. (William James College Catalog)

Publicar con nosotros

Pensamiento Serio  Únete a:                              Donar 

                              
whatsapp    Telegram      Discord     Boletín electrónico                                Donar        

 

Como citar este texto  

 

 


Formatos de Citación
Crea tu cita haciendo clic en cada botón
Diego Fernando García

Soy Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), graduado el 20 de diciembre de 2025. Cursé un Ciclo Filosófico de cuatro años en el Seminario Mayor de la Diócesis de Málaga-Soatá y soy Técnico en Sistemas de la Fundación Autónoma de Santander. Mi pensamiento se orienta hacia el neorrealismo analógico, con especial interés en Aristóteles, la filosofía colombiana y la reflexión sobre la persona. Entre mis principales referentes están Santo Tomás de Aquino, Enrique Dussel y Mauricio Beuchot. He profundizado en el pensamiento de Abelardo Lobato, sobre cuya concepción de la persona realicé mi monografía de grado. Asimismo, soy creador de un sistema utópico inspirado en el pensamiento de Tomás Moro. Soy creador de Pensamiento Serio, proyecto dedicado a la reflexión filosófica sobre la sociedad y el sentido, desarrollado mediante una página web, YouTube, newsletters, blogs, Discord y otras plataformas digitales. Mi propósito es acercar la filosofía a la vida cotidiana y promover una reflexión seria sobre el ser humano y nuestro tiempo.

Publicar un comentario

Espero comentarios adjuntos en alguna de las entradas de mi página web, preguntas cortas e interesantes, en el formulario de este portal o por correo electrónico. Las interpretaciones que se den a esta exposición: clara, concisa, profunda y precisa no es responsabilidad de Diego García; sino de la persona que escribe la critica positiva o negativa, no se responde por daños o perjuicios que se causaran por dichas notas.

Artículo Anterior Artículo Siguiente