PORNOGRAFIA Y DIAGNOSTICO CLINICO: UNA REFLEXIÓN DESDE LA PSICOLOGIA Y LA TEOLOGIA CATÓLICA


 

Colaboración de: Lic. Yuri Chavarry Tello

Psicólogo Clínico

  

  
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INTRODUCCIÓN

Recientemente, en un webinar a cargo de mi colega Alexandra Guzmán, miembro de la Red Internacional de Psicólogos Católicos Anima, sobre los efectos psicológicos de la pornografía, se señaló que en los manuales diagnósticos internacionales más utilizados —el DSM-5 (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013) y la CIE-10 (Organización Mundial de la Salud, 1992)— la adicción a la pornografía no aparece reconocida como un trastorno de la conducta ni como una adicción oficial.

Este hecho, lejos de minimizar el problema, invita a una doble reflexión, tanto desde la psicología clínica, que busca clasificaciones basadas en la evidencia, como desde la teología católica, que ofrece un discernimiento moral y espiritual.

PERSPECTIVA CLÍNICA

En el DSM-5, la única adicción conductual reconocida es el trastorno por juego de apuestas (gambling disorder). Aunque se discutió incluir la hipersexualidad o el consumo compulsivo de pornografía, finalmente se descartó por la falta de evidencia empírica sólida y por la dificultad de establecer criterios diagnósticos claros (Kafka, 2010; Kraus et al., 2018).

En consecuencia, el uso problemático de pornografía suele interpretarse dentro de los trastornos de control de impulsos o de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados.

La CIE-10 tampoco ofrecía un diagnóstico específico. Lo más cercano eran las categorías de hipersexualidad (F52.7) u otros trastornos de hábitos e impulsos (F63.8), insuficientes para abarcar la realidad del consumo compulsivo de pornografía en la era digital.

Un cambio relevante llegó con la CIE-11 (Organización Mundial de la Salud, 2019), que introdujo el trastorno de comportamiento sexual compulsivo (6C72). Este se define como un patrón persistente de fracaso en controlar impulsos o deseos sexuales intensos que lleva a conductas repetitivas, con sufrimiento y deterioro funcional. Aquí puede incluirse el uso compulsivo de pornografía, siempre que cumpla los criterios de persistencia, pérdida de control y afectación de la vida cotidiana.

En síntesis, la ausencia de la adicción a la pornografía como diagnóstico autónomo responde a tres razones principales:

Falta de consenso científico sobre su naturaleza (adicción, compulsión o trastorno de impulsos).

Evidencia clínica insuficiente para fijar criterios uniformes.  
 
Precaución frente al sobrediagnóstico y a la patologización de conductas sexuales frecuentes sin deterioro clínicamente significativo.
 

DESDE LA TEOLOGIA CATOLICA

La Iglesia, en cambio, ha ofrecido desde hace tiempo una palabra clara. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que: “La pornografía consiste en sacar actos sexuales, reales o simulados, de la intimidad de los protagonistas, para exhibirlos deliberadamente a terceros. Ofende contra la castidad porque desnaturaliza el acto conyugal. Lesiona gravemente la dignidad de quienes la producen, de los actores, de los comerciantes y del público” (CEC, n. 2354).

A la luz de la fe católica, la pornografía no se considera simplemente un hábito cuestionable, sino una distorsión grave de la sexualidad, que hiere la dignidad humana y deshumaniza las relaciones. Aunque la psicología aún discuta su estatus clínico, la teología católica la reconoce como un pecado y, cuando se vuelve hábito repetitivo, como una forma de esclavitud espiritual.

En la misma línea, San Juan Pablo II, en Familiaris consortio (1981), subrayaba que la pornografía desvirtúa el lenguaje del cuerpo, reduciendo a la persona a objeto de consumo. La Iglesia no desconoce la dimensión psicológica del fenómeno, sino que la ilumina, lo que la ciencia analiza como una posible adicción, la fe interpreta como un obstáculo a la verdadera libertad interior y al amor auténtico.

UNA INTEGRACIÓN CLINICA Y PASTORAL

La ausencia de la adicción a la pornografía como categoría diagnóstica no debe confundirse con la inexistencia del problema. Al contrario, diversos estudios muestran su impacto en la autoestima, las relaciones de pareja, la vivencia de la fe y la capacidad de establecer vínculos afectivos sanos (Grubbs et al., 2019).

Desde la psicología clínica, se sugiere un abordaje integral, el cual incluye psicoterapia cognitivo-conductual, grupos de apoyo, terapia de pareja, programas de control de impulsos.

Y desde la espiritualidad católica, la Iglesia propone el camino de la gracia, el cual comprende los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía, la dirección espiritual, la vida comunitaria y la vivencia de la castidad, entendida como integración positiva de la sexualidad en la persona (CEC, n. 2337).

El Evangelio ofrece la clave de una verdadera liberación: “Todo el que comete pecado es esclavo del pecado. Pero si el Hijo os libera, seréis verdaderamente libres” (Jn 8,34.36).

Es por ello por lo que si bien la adicción a la pornografía no aparece como diagnóstico independiente en el DSM-5 o en la CIE-10 no significa que el problema no exista, sino que la ciencia aún busca definirlo con rigor. La CIE-11 ha dado un paso importante al reconocer el trastorno de comportamiento sexual compulsivo. La fe católica, por su parte, no duda en afirmar la gravedad moral y espiritual de la pornografía, al mismo tiempo que ofrece un horizonte de sanación y libertad en Cristo.

Para finalizar, aquí vemos como la integración entre la psicología y la teología se revela, entonces, no como un lujo, sino como una necesidad de comprender el fenómeno desde la ciencia, y acompañar desde la fe para que cada persona pueda recuperar su dignidad y vivir su sexualidad en el amor.

REFERENCIAS:

Asociación Americana de Psiquiatría. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ta edición).

Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Libreria Editrice Vaticana.

Grubbs, J. B., Perry, S. L., Wilt, J. A., Reid, R. C., & Hook, J. N. (2019). Pornography problems due to moral incongruence: An integrative model with a systematic review and meta-analysis. Archives of Sexual Behavior, 48(2), 397–415. https://doi.org/10.1007/s10508-018-1248-x

Juan Pablo II. (1981). Familiaris consortio. Libreria Editrice Vaticana.

Kafka, M. P. (2010). Hypersexual disorder: A proposed diagnosis for DSM-5. Archives of Sexual Behavior, 39(2), 377–400. https://doi.org/10.1007/s10508-009-9574-7

Kraus, S. W., Krueger, R. B., Briken, P., First, M. B., Stein, D. J., Kaplan, M. S., Voon, V., Abdo, C., Grant, J. E., Atalla, E., y Reed, G. M. (2018). Compulsive sexual behaviour disorder in the ICD‐11. World Psychiatry, 17(1), 109–110. https://doi.org/10.1002/wps.20499

Organización Mundial de la Salud (1992).  CIE 10: Clasificación Internacional de los trastornos mentales. OMS

Organización Mundial de la Salud (2019). CIE 11: Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales (11ava revisión). OMS. https://icd.who.int](https://icd.who.int

 Por Lic. Yuri Chávarry Tello
Psicólogo clínico y católico comprometido con el diálogo fe-razón. 

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Diego García

Soy el administrador del Pensamiento Serio. Soy un lector de filosofía, libros que hablan de pensamiento humano, mi corriente filosófica es: neo-realismo analógico. Escritor de blog, artículos, creador del proyecto «pensamiento serio». Me gusta el tomismo y la Filosofía Colombiana.

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