Colaboración del Lic. Yuri Chavarry Tello
Psicólogo Clínico.
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¿MADURAR MORALMENTE ES SOLO APRENDER A RAZONAR MEJOR?
Hablar de moralidad es hablar de una de las dimensiones más profundas de la persona humana. Desde pequeños aprendemos que existen cosas que están bien y cosas que están mal como compartir o quitar, decir la verdad o mentir, ayudar o dañar. Sin embargo, nuestra manera de comprender esas diferencias no permanece igual durante toda la vida. Un niño puede evitar una conducta porque teme ser castigado. Un adolescente puede cumplir una norma porque considera importante ser aceptado por su grupo. Un adulto puede preguntarse si determinada norma es justa y qué principios deberían orientar una decisión. Precisamente sobre esta evolución del razonamiento moral trabajó el psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg (1927-1987), quien desarrolló una de las teorías más influyentes de la psicología del desarrollo moral.
Pero aquí aparece una pregunta interesante: ¿desarrollar un razonamiento moral más complejo significa necesariamente convertirse en una persona moralmente mejor? Desde la psicología podemos estudiar cómo evoluciona el juicio moral. Desde la filosofía y la teología podemos preguntarnos, además, qué hace que una acción sea verdaderamente buena y es en este punto donde resulta particularmente interesante poner en diálogo a Kohlberg con la antropología cristiana y la doctrina católica.
Kohlberg tomó como punto de partida los trabajos de Jean Piaget sobre el desarrollo moral infantil. A partir de sus propias investigaciones, sostuvo que el razonamiento moral se desarrolla progresivamente mediante una serie de etapas. Para Kohlberg, lo importante no era solamente qué respuesta daba una persona ante un dilema moral, sino por qué consideraba que determinada respuesta era correcta. Esto es fundamental, ya que dos personas pueden llegar a la misma conclusión, pero hacerlo mediante razonamientos completamente diferentes. Por ejemplo, imaginemos que un adolescente devuelve una billetera que encontró en la calle. Puede hacerlo porque teme que alguien lo descubra y lo castigue; quiere que los demás piensen que es una buena persona; considera que las personas tienen derecho a conservar sus bienes; o cree que devolver lo ajeno es lo correcto incluso cuando nadie lo está observando. Como vemos la conducta externa puede ser exactamente la misma. Lo que cambia es el razonamiento que la sostiene y Kohlberg se interesó precisamente por esa evolución.
La Asociación Americana de Psicología resume su propuesta señalando tres grandes niveles que son preconvencional, convencional y posconvencional, dentro de los cuales se distribuyen las diferentes etapas del desarrollo moral. En el nivel preconvencional, la persona interpreta las situaciones morales principalmente desde las consecuencias inmediatas para sí misma. Aquí aparecen dos orientaciones fundamentales. En la etapa 1 orientada por obediencia y castigo donde la conducta correcta es aquella que evita el castigo. El razonamiento podría expresarse así, "No debo hacerlo porque me van a castigar." El niño todavía comprende la norma principalmente desde la autoridad externa. Luego en la etapa 2 donde la orientación es más instrumental, “Yo te ayudo si tú me ayudas." Aquí la persona comienza a reconocer los intereses de los demás, pero todavía interpreta las relaciones principalmente desde el intercambio y el beneficio personal.
En el nivel convencional el razonamiento podría resumirse así, "¿Qué esperan los demás de mí?" Aquí la persona comienza a considerar con mayor importancia las expectativas sociales, las relaciones y las normas del grupo. Surge la etapa 3 orientada por la búsqueda de aprobación por eso la persona procura comportarse como alguien "bueno" ante los demás. Por ejemplo, "No debería hacer eso porque decepcionaría a mi familia." La aprobación interpersonal adquiere un papel importante. Luego en la etapa 4 cuya orientación es básicamente hacia la ley y el orden. En esta etapa a persona comienza a comprender la importancia de mantener las normas y el funcionamiento de la sociedad. El razonamiento puede ser, "Si todos hicieran lo que quisieran, la sociedad sería un caos." Aquí aparecen con mayor claridad conceptos como autoridad, deber, leyes y responsabilidad social.
En el nivel posconvencional cuyo razonamiento podría expresarse así, "¿Por qué esta norma es justa?" En este nivel el individuo comienza a evaluar las normas y las convenciones sociales desde principios morales más generales. En este nivel también surge la etapa 5 orientada por el contrato social y derechos donde la persona reconoce que las leyes cumplen una función social, pero también que pueden ser revisadas cuando vulneran derechos fundamentales. Por tanto, obedecer una norma no significa automáticamente considerarla moralmente correcta. Luego surgirá la etapa 6 orientada por principios éticos universales. En la formulación clásica de Kohlberg, el razonamiento moral alcanza su máxima expresión cuando la persona orienta sus decisiones mediante principios éticos universales, como la justicia y el respeto por la dignidad humana. Aquí aparece una idea particularmente importante según la cual una norma externa no es necesariamente buena simplemente porque sea una norma. La persona puede preguntarse críticamente por los fundamentos de aquello que se le exige.
¿Significa esto que todos llegamos a la etapa más alta? No necesariamente y aquí conviene evitar una interpretación simplista de la teoría. Porque si bien Kohlberg propuso una secuencia de desarrollo, eso no significa que todas las personas alcancen necesariamente las etapas superiores ni que una persona razone siempre desde un único nivel. Además, esta teoría ha recibido críticas y revisiones posteriores. Carol Gilligan, por ejemplo, cuestionó que una concepción del desarrollo moral centrada fuertemente en la justicia pudiera dejar insuficientemente representadas otras dimensiones, como el cuidado y las relaciones interpersonales. Esto nos recuerda algo importante, que la moralidad humana es demasiado compleja para reducirla a una única dimensión psicológica y es aquí donde comienza el diálogo con la antropología cristiana.
¿Puede la Teoría de Desarrollo Moral de Kohlberg ser compatible con la visión cristiana de la moral? La respuesta corta sería que sí, parcialmente. Pero hay que precisar qué significa "parcialmente", ya que Kohlberg ofrece una teoría psicológica acerca de cómo se desarrolla el razonamiento moral. No pretende proporcionar una teología moral cristiana. Esta distinción es fundamental, dado que la psicología puede estudiar cómo una persona adquiere determinadas capacidades de razonamiento, cómo comprende las normas, cómo evoluciona su perspectiva sobre la justicia o cómo cambia su manera de enfrentarse a los dilemas morales. Pero una teoría psicológica del desarrollo moral no responde por sí sola a preguntas como: ¿Qué es objetivamente bueno?, ¿Qué hace moralmente buena una acción?, ¿Existe una ley moral objetiva?, ¿Cuál es el fundamento último de la dignidad humana?, ¿Cuál es el fin último de la persona? Esas preguntas pertenecen también al ámbito de la filosofía moral y, desde la fe cristiana, de la teología moral. Por eso sería un error convertir a Kohlberg en una especie de "teólogo secular" o interpretar sus etapas como si fueran una descripción completa de la moralidad humana.
Hay, sin embargo, un aspecto especialmente interesante en el que podemos encontrar una cierta convergencia. Dado que Kohlberg nos ayuda a comprender que la educación moral no consiste simplemente en conseguir que una persona obedezca reglas porque una persona puede cumplir una norma únicamente porque teme las consecuencias. Pero la educación puede ayudarla a comprender progresivamente las razones de aquello que hace. Esto tiene una evidente importancia pedagógica, ya que no es lo mismo decirle a un niño, “No debes mentir porque te voy a castigar." que ayudarlo progresivamente a comprender diciéndole, "No debes mentir porque la mentira perjudica la confianza y porque debemos tratar a los demás respetando la verdad." En este sentido, la teoría de Kohlberg puede ofrecer una herramienta útil para comprender la maduración del razonamiento moral.
La propia doctrina católica reconoce que la conciencia necesita ser formada. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que una conciencia bien formada es recta y veraz y que la educación de la conciencia constituye una tarea que dura toda la vida. Por tanto, existe aquí un punto de contacto interesante donde la persona no nace con una conciencia moral plenamente desarrollada en cuanto a su capacidad de discernimiento; necesita educación, formación y maduración. Pero hay una diferencia fundamental, me refiero al hecho de que la conciencia no crea la verdad moral. Aquí encontramos una de las principales diferencias entre una lectura puramente autónoma del desarrollo moral y la antropología cristiana. Desde una interpretación superficial de Kohlberg podría pensarse, "Mientras más autónomo sea mi razonamiento, más moral soy." Pero desde la doctrina católica esto sería insuficiente. Para el cristianismo, la conciencia no inventa el bien y el mal.
El Catecismo enseña que en lo profundo de la conciencia la persona descubre una ley que no se ha dado a sí misma. La conciencia es presentada como un juicio de la razón mediante el cual la persona reconoce la cualidad moral de un acto concreto. Esto introduce una distinción fundamental desde la cual autonomía no significa arbitrariedad. Por eso una persona madura no es aquella que simplemente dice, “Yo decido lo que está bien." sino aquella que es capaz de utilizar responsablemente su razón y su libertad para reconocer el bien y orientar hacia él su conducta. La conciencia tiene que ser formada precisamente porque puede equivocarse. El Catecismo señala que una conciencia bien formada formula sus juicios conforme a la razón y al verdadero bien querido por la sabiduría del Creador. ¿Y qué ocurre con las normas? Aquí también aparece una diferencia importante. Mientras que Kohlberg permitió comprender que una persona puede superar una obediencia puramente convencional y comenzar a preguntarse críticamente por las normas. Esto puede ser psicológicamente saludable, ya que después de todo, obedecer una norma injusta simplemente porque es una norma no constituye necesariamente una conducta moralmente buena. Pero la doctrina católica tampoco concluye de aquí que cada individuo pueda convertirse en su propia autoridad moral absoluta. La cuestión no es, "¿Obedezco o no obedezco?" La cuestión más profunda es, "¿Qué es verdadero y bueno, y por qué?"
La razón humana puede conocer el bien moral, aunque este conocimiento pueda verse dificultado por el pecado, la ignorancia, las pasiones, las malas influencias o los hábitos. Por eso la formación moral cristiana no consiste solamente en enseñar reglas, sino también en formar la conciencia, adquirir virtudes y aprender a discernir el bien. El Catecismo incluso presenta la educación de la conciencia como una tarea permanente de la vida humana. Una diferencia todavía más profunda radica en saber qué está bien no garantiza hacerlo. Aquí encontramos una cuestión que una teoría del desarrollo del razonamiento moral no puede resolver completamente. Debido a que una persona puede saber perfectamente que algo está mal y, sin embargo, hacerlo. Todos conocemos esa experiencia. Sabemos que deberíamos controlar nuestra ira y aun así gritamos, sabemos que deberíamos decir la verdad y aun así mentimos, sabemos que deberíamos perdonar y, sin embargo, alimentamos el resentimiento.
Esto nos lleva a una distinción fundamental, el hecho de que razonamiento moral no es lo mismo que virtud moral. Puedo ser capaz de ofrecer una brillante justificación acerca de por qué debería hacer el bien y, al mismo tiempo, tener grandes dificultades para llevarlo a la práctica. Desde la antropología cristiana, la madurez moral implica algo más que comprender principios, implica formar hábitos buenos, es decir, virtudes y aquí la noción cristiana de virtud aporta una dimensión que no está contenida en la teoría de Kohlberg. La persona moralmente madura no es simplemente aquella que puede elaborar argumentos sofisticados sobre la justicia. Es también aquella que aprende a vivir justamente. Otro problema que tampoco podemos dejar de lado en esta cuestión es el del "buen razonamiento" sin un bien objetivo. Este es probablemente uno de los puntos filosóficamente más interesantes. Imaginemos a una persona extraordinariamente capaz de argumentar. Puede analizar un problema desde diferentes perspectivas, identificar contradicciones, formular principios y defender coherentemente su posición. Pero ¿eso garantiza que sus principios sean verdaderos? No necesariamente. Una persona puede razonar con mucha complejidad y llegar a conclusiones equivocadas. Por eso, desde la visión católica, la madurez moral no puede reducirse al aumento de la complejidad cognitiva. Porque no basta con razonar mejor; hay que razonar conforme a la verdad sobre el bien.
El Catecismo enseña que la moralidad de los actos humanos depende del objeto elegido, la intención y las circunstancias. Por ello, una buena intención por sí sola no convierte en buena una acción que es moralmente desordenada. Esto constituye una diferencia importante respecto de cualquier concepción de la moral que termine identificando la corrección moral con la intención subjetiva o con la autonomía del individuo. ¿Entonces la teoría de Kohlberg "está mal"? No. Sería una conclusión injustificada. Puesto a que una teoría psicológica no tiene que responder todas las preguntas filosóficas o teológicas para ser útil dentro de su propio campo. Kohlberg realizó una contribución importante al estudiar el desarrollo del razonamiento moral y al mostrar que la manera en que una persona comprende los problemas morales puede cambiar a lo largo del desarrollo. El problema aparece cuando pretendemos utilizar su teoría como si explicara toda la moralidad humana. Ahí es donde resulta necesario complementarla. Podríamos expresarlo de esta manera: Kohlberg puede ayudarnos a comprender cómo madura nuestro razonamiento moral; la antropología cristiana intenta responder, además, hacia qué bien debe orientarse esa libertad y cuál es el sentido último de la persona humana. No son necesariamente preguntas incompatibles. Son preguntas de distinto nivel. Es así como la moral cristiana añade una dimensión que la psicología no puede proporcionar por sí sola
Desde la antropología cristiana, el ser humano no es simplemente un organismo que desarrolla capacidades cognitivas y sociales. Es una persona dotada de dignidad, libertad y razón, creada por Dios y llamada a un bien que trasciende la mera adaptación social y aquí aparecen elementos que una teoría psicológica del desarrollo moral no puede explicar por sí misma como la dignidad de la persona humana; la ley natural; la conciencia moral; las virtudes; el pecado; la gracia; la conversión; la caridad; la relación con Dios y la vocación sobrenatural del ser humano. Esto no significa que la psicología sea incapaz de estudiar algunos de estos fenómenos desde su propia óptica. Significa que no puede, por sus propios métodos científicos, resolver por completo las preguntas metafísicas y teológicas que se encuentran detrás de ellos. ¿Puede entonces un psicólogo católico utilizar a Kohlberg? Por supuesto y creo que aquí es importante evitar dos extremos. El primero sería pensar, "Como soy católico, tengo que rechazar toda teoría psicológica que no proceda de una perspectiva cristiana." Eso sería intelectualmente pobre. El segundo extremo sería, "Como una teoría psicológica es científica, entonces sus supuestos filosóficos sobre el ser humano necesariamente son verdaderos." Eso también sería un error, porque la ciencia psicológica puede ofrecernos modelos útiles para comprender determinados aspectos de la conducta humana. Pero los modelos científicos deben ser comprendidos dentro de sus propios límites.
Siendo así un psicólogo católico puede estudiar a Freud, Piaget, Kohlberg, Rogers, Skinner, Beck o cualquier otro autor sin asumir automáticamente todos sus presupuestos filosóficos, ya que estudiar una teoría no equivale a profesar una doctrina y esto es especialmente importante cuando hablamos de teorías sobre la persona humana. Entonces, ¿qué sería una verdadera madurez moral? Desde una perspectiva psicológica, podríamos hablar de una progresiva capacidad para comprender las consecuencias de nuestras acciones, adoptar diferentes perspectivas, razonar sobre conflictos de valores y actuar de manera responsable. Pero desde la antropología cristiana podemos dar un paso más. La madurez moral no consiste únicamente en pasar de, "No hago esto porque me pueden castigar" a "No hago esto porque considero que mi principio autónomo me lo prohíbe." La madurez moral cristiana implica llegar a: "Reconozco el bien, lo elijo libremente y procuro vivirlo, no solamente porque temo un castigo o busco aprobación, sino porque he comprendido que el bien corresponde a la verdad de lo que soy y a mi vocación como persona creada para amar." Aquí la libertad y la verdad no aparecen como enemigas, ya que la verdadera libertad no consiste simplemente en poder escoger cualquier cosa. Consiste en poder elegir el bien.
Por todo lo anterior, considero que la teoría de Lawrence Kohlberg puede ser compatible parcialmente con una perspectiva cristiana, siempre que se la utilice como lo que es, una teoría psicológica del desarrollo del razonamiento moral. Puede ayudarnos a entender que: la comprensión moral se desarrolla progresivamente; la educación debe considerar la madurez de la persona; no basta con imponer normas sin ayudar a comprenderlas; el razonamiento moral puede avanzar desde motivaciones centradas en el castigo y la recompensa hacia formas más complejas de consideración de la justicia y los principios; y la persona puede aprender a examinar críticamente las normas sociales. Pero desde la doctrina católica debemos añadir que la moralidad no se reduce al nivel de desarrollo psicológico del razonamiento; la conciencia no crea la verdad moral; la autonomía no equivale a arbitrariedad; y conocer el bien no es todavía lo mismo que vivirlo. La persona necesita formar su conciencia, cultivar virtudes y orientar su libertad hacia el verdadero bien y para el cristiano, esa búsqueda del bien alcanza su plenitud en la relación con Dios. Como enseña el Catecismo, la conciencia debe formarse y sus juicios deben buscar conformarse con la razón y con la ley divina. Por eso la propuesta de Kohlberg puede ser una herramienta para comprender una dimensión del desarrollo moral, pero no puede sustituir una antropología moral completa.
UNA REFLEXIÓN FINAL
Quizá una de las preguntas más importantes que podemos hacernos no sea solamente, "¿En qué etapa de desarrollo moral estoy?" Si no, "¿Qué estoy haciendo con aquello que sé que es bueno?" Porque una persona puede conocer perfectamente los principios de justicia y seguir actuando injustamente, puede hablar de respeto y tratar mal a los demás, puede defender la verdad y mentir, puede conocer el bien y no practicarlo. Por eso, la verdadera formación moral necesita unir razón, conciencia, libertad y conducta y desde la perspectiva cristiana, añadiría que la moral no termina en conocer el bien; está llamada a convertirse en una vida orientada hacia el bien, la verdad y el amor.
El presente artículo tiene una doble perspectiva deliberada. Como psicólogo, considero importante reconocer el valor de las teorías psicológicas y utilizarlas dentro del ámbito que les corresponde, sin convertirlas en explicaciones absolutas de toda la persona humana y como católico, considero igualmente importante reconocer que la psicología no agota las preguntas sobre el ser humano. La antropología cristiana aporta una comprensión de la persona, de la libertad, de la conciencia, del bien y del destino último del ser humano que pertenece a un ámbito diferente del conocimiento psicológico. Por eso, lo expresado en la segunda parte del artículo constituye mi reflexión personal desde la fe católica y no una orientación psicológica para pacientes ni una posición que deba atribuirse a la Psicología como ciencia. Precisamente creo que mantener esta distinción permite dialogar con seriedad, sin convertir la psicología en religión, ni expulsar la dimensión filosófica y espiritual de las preguntas humanas que la psicología, por su propio método, no puede responder completamente.
REFERENCIAS
1.- American Psychological Association. (2018). Kohlberg’s theory of moral development. En APA Dictionary of Psychology. https://dictionary.apa.org/kohlbergs-theory-of-moral-development
2.- Iglesia Católica. (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Libreria Editrice Vaticana.
3.- García de Haro, R. (1984). Principles of Catholic Moral Life: La renovación de la teología moral en los Estados Unidos. Scripta Theologica, 16(1-2).
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